No es ningún secreto el relajo que hay dentro de la administración de Rausel Cervantes, advenedizo docente tentado por las mieles del poder, quien ahora sufre las consecuencias de su inexperiencia, la cual también tiene al municipio en un letargo donde ni obras, ni inversión, ni visos de progreso.
Al parecer, ni en el propio Palacio Municipal ha logrado poner orden el alcalde, mucho menos en todo un municipio. Pues según se comenta, gente ajena al Ayuntamiento entra y hace lo que quiere, sin dar explicaciones a nadie y supuestamente mandada por algunos funcionarios.
Esto dio pie a la circular No. 03 emitida por la directora de Administración, Diana Laura Millán Nuñez, en la que dice que: “ninguna persona que no tenga relación laboral con el H. Ayuntamiento, podrá permanecer en el interior de las oficinas del Palacio Municipal efectuando funciones de Servidores Públicos”.
O sea que eso apunta que los comentarios diciendo que hay gente ajena al Ayuntamiento haciendo de las suyas es verdad. Este fenómeno no solo desdibuja las líneas de responsabilidad, sino que también pone en riesgo los pilares sobre los cuales se construye un buen gobierno.
En la esencia misma de un gobierno municipal, la distribución de responsabilidades y funciones es crucial para garantizar que las necesidades de la comunidad se aborden de manera eficiente. La usurpación de funciones, entendida como la toma indebida de roles y decisiones por parte de individuos no autorizados, va en contra de este principio básico y socava los cimientos de la democracia local.
En primer lugar, la usurpación de funciones introduce un caos innecesario en la administración municipal. Las decisiones estratégicas, la planificación del desarrollo y la gestión de recursos deben recaer en manos de aquellos elegidos y designados para tales responsabilidades. Cuando estas funciones son usurpadas, se crea un desequilibrio que puede dar lugar a la falta de coordinación, duplicidad de esfuerzos y, en última instancia, a la ineficacia en la ejecución de proyectos y políticas públicas.
Pero, como ya cualquier cosa se puede esperar de la administración de Rausel Cervantes, si ya alguien va a usurpar funciones, que sean las del alcalde, sería muy difícil que el usurpador lo haga tan mal como el que se ostenta como el presidente constitucional.
Osvaldo García