Joquicingo

Calles en ruinas en Joquicingo

La indiferencia de una administración que festeja mientras el pueblo sufre

El estado de las calles del municipio es un grito silencioso que exige atención. Sin embargo, parece que el gobierno municipal de Joquicingo que preside Rausel Cervantes ha decidido darle la espalda a esta problemática.

Lo que más indigna es la contradicción: mientras las vialidades se caen a pedazos, la administración municipal vive las fiestas decembrinas sin ninguna preocupación, como si nada estuviera mal.

La inversión anual destinada para obra pública es de más de 30 millones de pesos, una cifra que, sobre el papel, suena más que suficiente para garantizar vías transitables y seguras. Pero la realidad dista mucho de las promesas en papel: baches profundos, pavimentos desgastados, y calles intransitables se han convertido en el rostro cotidiano de la infraestructura municipal. Los ciudadanos señalan que este tipo de negligencia no solo afecta la movilidad, sino que también daña vehículos e incrementa riesgos de accidentes.

Hace un par de días, durante el tercer informe de gobierno del presidente municipal, Rausel Cervantes, y hasta donde se sabe mediante las publicaciones que hace la página del Ayuntamiento en redes sociales, se habla de progreso en todos los pilares, incluyendo infraestructura, pero las imágenes de calles llenas de baches cuentan otra historia completamente distinta. Esto no pasó desapercibido para los habitantes, quienes se sienten ignorados y consideran que las prioridades de la administración están completamente alejadas de la realidad que enfrentan.

Mientras los ciudadanos navegan entre baches, el presidente municipal y su equipo parecen estar más enfocados en las celebraciones decembrinas. Las imágenes de eventos ostentosos y decoraciones exorbitantes en presidencia han generado un profundo malestar en la población. La falta de sensibilidad y empatía por parte de la administración es evidente, en lugar de priorizar las necesidades básicas de la población, han preferido destinar recursos y esfuerzos a crear una imagen de “prosperidad” que no refleja la realidad.

La pregunta que todos se hacen: ¿Qué pasó con los más de 30 millones de pesos destinados para obra pública?

La crisis de las calles en el municipio es más que un problema de infraestructura; es un reflejo de una administración que parece priorizar la imagen sobre las verdaderas necesidades de la gente. En este contexto, queda claro que la paciencia de la ciudadanía está llegando a su límite.

 

 

Uriel Rosales

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