Opacidad del poder y crisis social en Ocoyoacac

En un municipio marcado por la pobreza, la inseguridad y el desencanto ciudadano, el nombre de Nancy Valdez, presidenta municipal de Ocoyoacac, se ha convertido en un símbolo de desconexión con la realidad que enfrenta su población. A lo largo de su gestión, la alcaldesa ha consolidado una figura política envuelta en el hermetismo, las críticas por falta de transparencia y, más recientemente, en una controversia por sus elevados ingresos.
Valdez percibe anualmente 1 millón 859 mil 600 pesos, una suma que contrasta profundamente con las condiciones de vida de los habitantes del municipio. Esta cifra se desglosa en dietas, gratificaciones, aguinaldo y prima vacacional, componiendo un ingreso mensual que supera con creces los 12 mil pesos que, en promedio, gana un trabajador en Ocoyoacac.
Pero el salario es solo la punta del iceberg. En una localidad donde casi la mitad de la población vive en pobreza y un 23% carece de una alimentación adecuada, el estilo de gobierno de Valdez ha despertado creciente molestia. A ello se suma la falta de servicios básicos como acceso a salud, seguridad pública eficiente y apoyos comunitarios. Según datos oficiales, apenas una de cada cinco personas en el municipio no se encuentra en situación de pobreza o vulnerabilidad, lo que evidencia una gestión ajena a las prioridades de la ciudadanía.
Diversas voces al interior del municipio han denunciado que el gobierno de Nancy Valdez funciona bajo una lógica de exclusividad política y familiar. Funcionarios, excolaboradores y actores sociales han señalado que las decisiones estratégicas se toman en círculos cerrados, sin consulta pública ni rendición de cuentas. La ausencia de transparencia en licitaciones, asignación de obras y programas sociales ha generado dudas legítimas sobre el destino del presupuesto municipal.
En realidad, no gobierna sola. Las decisiones más importantes no las toma ella. La figura de Samuel Verdeja, hermano de la alcaldesa, ha cobrado relevancia como el operador real del gobierno municipal, pese a no ostentar ningún cargo formal. De acuerdo con testimonios internos, Verdeja interviene en contrataciones, designaciones y estrategias políticas desde la sombra, ejerciendo un poder paralelo que ha desplazado incluso a funcionarios electos.
Estas cifras reflejan una creciente crisis de seguridad, frente a una administración que, según habitantes y analistas locales, prioriza intereses personales sobre las necesidades colectivas. El abandono de las comunidades rurales, la nula respuesta a solicitudes ciudadanas y la falta de comparecencias públicas refuerzan la percepción de un gobierno ensimismado y alejado de la realidad.
Lo que alguna vez se promovió como un gobierno «cercano a la gente» ha evolucionado hacia un modelo político cerrado, jerárquico y dominado por intereses familiares. Mientras tanto, los ciudadanos continúan esperando soluciones reales a problemas urgentes: calles en mal estado, hospitales con carencias, inseguridad en aumento y falta de empleo digno.
En este contexto, el silencio de Nancy Valdez ante las crecientes críticas se vuelve cada vez más ensordecedor. Un silencio que, para muchos, ya no puede interpretarse como prudencia… sino como complicidad.
Uriel Rosales