Mexicaltzingo

¿Orden o negocio? En Mexicaltzingo

El gobierno municipal de Mexicaltzingo, encabezado por la presidenta Ariadne Saray Benítez Espinoza, ha anunciado la imposición de sanciones económicas a quienes instalen lonas o carpas en la vía pública con el fin de realizar fiestas o algún evento en general, fijándolas con estacas o barretas en la carpeta asfáltica o a la orilla de la banqueta.
Aunque la medida se presenta como una acción para proteger la infraestructura urbana, el trasfondo de esta disposición deja muchas dudas sobre su verdadera intención. Lejos de priorizar el diálogo o la regulación equitativa, la administración municipal opta por endurecer su postura con amenazas de multas “jugosas”, lo que revela un posible enfoque recaudatorio más que una preocupación genuina por el orden o el bienestar colectivo.
Cabe preguntarse si esta nueva regulación no es, en realidad, una fachada para justificar la extracción de más recursos de la ciudadanía, bajo el pretexto del cuidado del espacio público. En un municipio donde persisten problemas serios como el deterioro de calles, la falta de servicios eficientes y la opacidad en el manejo de recursos, resulta contradictorio que el gobierno centre su atención en penalizar eventos sociales de la comunidad.
En lugar de implementar estrategias de concientización, emitir permisos ordenados o facilitar espacios alternativos para la convivencia, el Ayuntamiento ha optado por criminalizar la organización de eventos familiares, afectando directamente a quienes celebran tradiciones y momentos significativos de la vida comunitaria.
Esta disposición no sólo genera malestar entre los habitantes, sino que también refuerza la percepción de que el gobierno municipal prioriza la recaudación antes que el servicio público. En un contexto donde la confianza ciudadana hacia las autoridades se encuentra debilitada, medidas como esta profundizan la brecha entre el gobierno y la población.
La ciudadanía merece reglas claras, pero también gobernantes que comprendan la importancia de la vida comunitaria, que sean sensibles a la realidad social y que no utilicen el poder normativo como instrumento para seguir enriqueciendo las arcas municipales sin rendición de cuentas.
Luis Garduño.

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