Lujo presidencial en Mexicaltzingo

Mientras la población vive en un contexto de pobreza persistente y violencia creciente, la presidenta municipal Saray Benítez Espinoza y sus esbirros se embolsan ingresos que eclipsan tanto a los elementos que deberían proteger a la ciudadanía como al grueso de sus habitantes.
El tabulador oficial revela que simplemente el tesorero Rafael Murillo Díaz percibe un total anual de $1,788,247 pesos (1millón 788 mil 247 pesos) entre dietas, compensación, aguinaldo y prima vacacional, lo que equivale a $149,020 pesos (149 mil 020 veinte pesos) mensuales en promedio.
El contraste es brutal: el sueldo equivale al de casi 14 policías juntos.
Incluso si se compara solo su dieta mensual, de $81,029 (81 mil 29 pesos) todavía gana 7.5 veces más que un policía en sueldo base ($8 mil 480 pesos mensuales)
Mexicaltzingo no es un municipio grande: cuenta con 13,807 habitantes, según datos de censos realizados por el INEGI, Sin embargo, su nivel de pobreza es sorprendente: el 52.96 % de los habitantes del Valle de Toluca, que incluye a Mexicaltzingo, vive en situación de pobreza.
Además, un informe destaca que el 65.11 % de la población del valle carece de seguridad social, el 31.95 % no tiene acceso a servicios de salud y el 22.01 % no cuenta con alimentación adecuada.
La desigualdad es palpable: más de la mitad sobrevive con ingresos de $11,117 (11 mil 117 pesos) mensuales en promedio, mientras la mitad de la población está atrapada en la pobreza.
Las cifras son inapelables: mientras que un agente municipal lucha por cubrir necesidades básicas, ellos perciben ingresos de élite. La opacidad en la rendición de cuentas solo alimenta las sospechas de que el poder premia su propia clase con privilegios invaluables, desde sueldos obscenos hasta protección privilegiada.
Mexicaltzingo vive en el limbo: carencias estructurales, pobreza generalizada, un sistema de seguridad insuficiente, y una administración encabezada por  funcionarios que gana en un mes lo que una familia promedio no podrá ver en años.
La pregunta que queda retumbando en el aire es clara: ¿Gobiernan para el pueblo, o para su propia casta?
Diego Sánchez
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