Portadas
El “Houdini de San Antonio la Isla”

En San Antonio la Isla, el tesorero municipal, Manuel Aarón Luna Ramírez, presume con orgullo su título delicenciado en Administración. Sin embargo, la realidad nos muestra otra cosa: no administra, desaparece.
Nocuida los recursos, los esfuma. No garantiza transparencia, la convierte en humo. Por eso, a partir de ahora,este funcionario debería ser recordado con el mote que mejor le queda: “el Houdini de San Antonio la Isla”, elgran escapista del dinero público.
Porque sí, lector, Houdini se escapaba de cadenas y candados, pero nuestro tesorero ha perfeccionado otrotruco: hacer que millones de pesos se esfumen sin dejar rastro.
Y lo más impresionante es que lo hace con lamisma seriedad de quien firma un cheque.
Como si la magia fuera parte del reglamento municipal.Lo que más indigna es que, con el título que ostenta, uno esperaría eficacia, visión administrativa, cuidado delerario. Pero lo que nos entrega es un espectáculo barato donde las cifras infladas y las inversiones fantasmase convierten en el acto principal.
Su currículum dice “licenciado en Administración”; la realidad lo rebautizacomo licenciado en desapariciones.¿De qué sirve tener a un “profesionista” al frente de la tesorería si lo único que administra es el engaño? Laciudadanía paga impuestos, servicios y derechos con puntualidad, mientras el tesorero juega a lasmatemáticas creativas: multiplica dinero inexistente, resta obras, divide responsabilidades y sumadesconfianza.
El Houdini de San Antonio la Isla ha convertido la tesorería en un circo de ilusionismo:En el primer acto, aparece con su título universitario bajo el brazo, como si fuera garantía de capacidad.
En el segundo, nos muestra balances maquillados que harían sonrojar a cualquier contador serio.Y en el tercero, da el golpe maestro: millones de pesos que deberían reflejarse en obras terminan convertidosen fantasmas presupuestales.
Mientras tanto, la población sigue esperando la magia real: calles pavimentadas, luminarias funcionando,drenaje digno. Pero no, aquí el único acto garantizado es el desaparecido de recursos.Y lo más insultante es que, mientras usted tiene que pagar hasta el último peso de sus obligaciones, eltesorero se cobra puntual su sueldo como si de verdad estuviera cumpliendo.
Un Houdini moderno que cobrapor desaparecer el dinero ajeno.En conclusión, Manuel Aarón Luna Ramírez no pasará a la historia como un tesorero eficiente, sino como unpersonaje tragicómico, digno de la carpa de la corrupción: “el Houdini de San Antonio la Isla”, el licenciado endesapariciones, maestro de la ilusión financiera y verdugo de la confianza ciudadanía.
Uriel Rosales