Si alguien tenía dudas de que Lerma es tierra de surrealismo puro, la colonia Guadalupe viene a confirmarlo.
En una publicación reciente, ciudadanos desesperados piden apoyo ante lo que ya parece un mal chiste: las constantes afectaciones por agua en sus viviendas. Mientras tanto, las autoridades brillan… pero por su ausencia. Y para rematar con broche de oro, los vecinos reportan que la página oficial de Opdapas Lerma (Organismo Público Descentralizado de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento) los bloqueó tras varias denuncias. Porque claro, ¿para qué escuchar al pueblo si se puede silenciarlo con un clic?
El presidente municipal Miguel Ramírez parece haberse especializado en desapariciones. Desaparece el agua potable, desaparecen las soluciones, y ahora, desaparecen también los reclamos en redes sociales. ¿Quién necesita responder cuando se puede simplemente ignorar?
¿Será que en el próximo informe de gobierno nos presumirá el nuevo atractivo turístico de Lerma? «Vengan a conocer nuestras casas-acuario en la colonia Guadalupe». Porque ya que no hay drenaje eficiente, al menos que haya sirenas.
OPDAPAS, cuyo trabajo es precisamente gestionar el agua potable y el drenaje, parece haber tomado una nueva función: gestionar el silencio incómodo. En vez de atender reportes, decidieron aplicar el clásico «bloqueo administrativo 2.0», quitando de en medio a los usuarios que se atreven a exigir sus derechos básicos.
El problema no es nuevo. Desde hace meses, habitantes de varias colonias se quejan de fugas, falta de mantenimiento, y una red hidráulica que parece más parchada que uniforme de guerra. Y sin embargo, el agua sigue entrando a las casas, pero no a los planes de trabajo del municipio.
Vecinos piden ayuda. Pero como ya aprendieron que las autoridades no oyen, ahora hablan en redes. Tristemente, ni eso los salva. El bloqueo digital ya es política pública, y la negligencia, el estandarte.
Tal vez es momento de que el alcalde Miguel Ramírez cambie su lema de gobierno. Algo más acorde a los tiempos que corren, o más bien, a las aguas que corren.
Mientras los habitantes de la colonia Guadalupe nadan entre muebles flotantes y promesas hundidas, la administración municipal sigue haciendo lo que mejor sabe: aguas. Y no, no de las buenas. Uriel Rosales
