En Santiaguito, lo que debía ser una “obra de progreso” terminó pareciéndose más a una mala broma. La remodelación de la deportiva municipal, que se anunció con sonrisas y promesas, hoy tiene a los vecinos rodeados de agua estancada, patios convertidos en lagunas y un olor que hace dudar si se vive en una comunidad o en una ciénaga.
Los habitantes cuentan que la obra desvió el cauce del agua directo a sus casas y terrenos, provocando un desastre que nadie quiso prever. Y claro, cuando fueron a tocar las puertas de la presidencia municipal, se toparon con lo de siempre: funcionarios más escondidos que moneda en feria. “Nos acercamos de buena fe a la presidencia y no dan la cara”, reclamó uno de los afectados.
Los reclamos no paran: “El gobierno ni sus luces”, reclaman los vecinos, que aseguran que las únicas luces que se ven son las de los mosquitos felices, revoloteando sobre el agua estancada. Porque mientras la gente se enferma y soporta el olor, las autoridades parecen practicar el deporte favorito de muchos políticos: correr… pero de la responsabilidad.
Y la memoria del pueblo es larga. Durante las campañas, los funcionarios recorren las calles de Santiaguito como si fueran estrellas de televisión: saludan, se toman fotos y prometen hasta el cielo. Pero ahora, cuando el problema es real, desaparecen con la misma rapidez con la que aparecieron. Lo único que quedó fue la obra, los charcos y la burla silenciosa de ver cómo el pueblo se las arregla solo.
Los vecinos exigen una solución inmediata, que se repare el daño y que no se repita esta historia de “progreso” que termina peor que como empezó. Porque, dicen, ya basta de que las obras lleguen con fiesta y se vayan dejando un cochinero.
Al final, lo único verdaderamente “deportivo” de esta obra fue la habilidad con la que las autoridades se lavaron las manos: ligero, elegante y sin despeinarse… casi como si entrenaran diario.
Y entre el sarcasmo y la preocupación, surge la pregunta inevitable: ¿será que a Nancy Valdez, presidenta municipal, le tocará vivir algo parecido a lo que sucedió con el expresidente Joel Cerón Tovar? Cuando los habitantes le tomaron la presidencia municipal por instalar un organismo de agua potable que cobraba el líquido, violando un acuerdo que data desde los años sesenta. Por ahora, mientras los charcos crecen, el pueblo observa con ojos críticos y una paciencia que empieza a agotarse.
Uriel Rosales
