Portadas

La presidenta influencer

¿Quiere usted una lámina, un tinaco, cemento o una despensa? No olvide cumplir con el requisito indispensable: darle “me gusta” a las publicaciones del Ayuntamiento, comentar con un elogio forzado y compartir en su muro la propaganda municipal. Así de descarado, así de ruin, los apoyos sociales, que deberían llegar sin condición a quienes más lo necesitan, hoy son la moneda de cambio en el mercado político de la presidenta.
Y todo este teatro no lo organiza sola. Detrás de la cortina se encuentran sus operadores de confianza y de sangre: David Felipe Nápoles Maya, su tío, y María Angélica García Puerta, secretaria del Ayuntamiento. Ellos coordinan un grupo de WhatsApp con cientos de integrantes donde se reparte la línea: qué publicación comentar, qué frase repetir y cómo aparentar un respaldo popular que, en la realidad, es inexistente.  Y es que déjeme comentarle que, aunque el municipio cuenta con 104 mil 677 habitantes, aproximadamente 65 mil, 860 personas tienen acceso a Internet, esto no significa que todas participen activamente en contenido político o en las publicaciones de su administración, de ese grupo, se estima que solo unas 20 mil personas podrían involucrarse, y de esas, aproximadamente 2 mil o menos forman parte de la red organizada por la presidencia municipal.
Es decir, la gran mayoría de la población queda al margen, mientras la percepción de apoyo se construye artificialmente en redes sociales. Esto deja en evidencia que los apoyos que se entregan ya sean láminas, tinacos o despensas no siempre llegan a quienes más los necesitan, sino a quienes cumplen con los requisitos digitales impuestos por la presidencia. Una señora de la tercera edad, sin conocimientos de celular o redes sociales, por ejemplo, simplemente no puede participar en estas dinámicas condicionadas. Esto no es política social, es politiquería barata.
No es cercanía con la gente, es manipulación de la necesidad. Porque en el Tenancingo de Nancy, quien aplaude recibe, quien cuestiona se queda fuera. Así funciona el trueque: apoyo por silencio, cemento por obediencia, despensa por sumisión.  Y si alguien se atreve a alzar la voz o a pedir cuentas, la presidenta reacciona como lo que es: una politiquilla intolerante. En vez de responder con datos, responde con etiquetas: “seudo periodistas”, “hienas carroñeras”, “enemigos del municipio”. Palabras que confirman la fragilidad de un gobierno que no sabe enfrentar la crítica más que con descalificaciones.   Lo preocupante no es solo la simulación, sino la soberbia.
Nancy Nápoles gobierna como si Tenancingo fuera su feudo personal, como si la presidencia fuera una pasarela y como si el pueblo existiera solo para inflar su imagen en redes sociales. Pero mientras ella se entretiene con los aplausos digitales, las calles siguen llenas de baches, la inseguridad crece y los servicios se caen a pedazos.  Amigo lector, Tenancingo merece claridad, transparencia y resultados. No merece una presidenta influencer que juega a ser popular en internet mientras la realidad la desmiente en cada esquina, porque este municipio no se gobierna con aplausos, se gobierna con resultados. Y en eso, Nancy Nápoles Pacheco ha fallado.
 Diego Sánchez

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