Mientras las calles de la colonia Guadalupe en Lerma se convierten en auténticas lagunas cada vez que llueve, OPDAPAS parece competir por el premio a la institución más desaparecida del año. Los vecinos llevan semanas reportando inundaciones que transforman sus casas en trampas de agua, pero la respuesta de quienes deberían encargarse del drenaje es la misma de siempre: un silencio absoluto, como si el agua no existiera o, mejor aún, como si no existieran ellos.
El enojo ciudadano no es gratuito. Se trata de un problema añejo que cada temporada de lluvias se recrudece, y que este año alcanzó niveles insoportables. En lugar de atender las demandas vecinales, de presentar un plan de acción o al menos dar la cara, el edil ha optado por la estrategia más cómoda para cualquier político en apuros: ignorar. Y la indiferencia oficial, lejos de apaciguar los ánimos, los enciende.
Los habitantes de las calles Zaragoza, San Isidro, Simón Bolívar, Revolución y hasta la Arturo Montiel, cansados de pisar lodo y vivir entre aguas negras, ya no esperan soluciones mágicas: ahora anuncian bloqueos al Ayuntamiento, al DIF y a las oficinas de OPDAPAS. Si el alcalde no quiere escuchar en el despacho, dicen, entonces lo harán escuchar en la calle. Y no solo eso: la advertencia va más allá, pues los vecinos también planean cerrar la autopista México-Toluca, esa vía que ni los políticos se atreven a tocar… hasta ahora.
La omisión del alcalde Ramírez Ponce es vista como una burla. No solo porque la inundación daña bienes y pone en riesgo la salud, sino porque demuestra que las promesas de campaña fueron palabras vacías. “Estaremos cerca de la gente”, decía en los mítines; hoy, cuando el agua entra a las salas y cocinas de los hogares, esa cercanía brilla por su ausencia.
El descontento ya no es solo por el agua estancada, sino por la falta de respeto a una ciudadanía que exige respuestas. En Lerma, el río de inconformidad crece al mismo ritmo que las inundaciones, y Miguel Ángel Ramírez Ponce se hunde en su propia inacción. Y mientras el alcalde calla, los vecinos ya preparan el ruido que paralizará a todo Lerma.
Porque si el presidente municipal no tiene la decencia de atender a su pueblo, será el pueblo quien le cierre las puertas, le bloquee las salidas y hasta le tape la autopista. A fin de cuentas, si el alcalde no sabe nadar entre las broncas, pues que se prepare… porque el agua ya le llegó al cuello.
Uriel Rosales
