En San Antonio La Isla el camión recolector parece tener el mismo horario que la presidenta municipal Ale Castro: nadie sabe cuándo pasa, ni si pasa. Lo que antes era un servicio básico, hoy se ha convertido en un misterio que los vecinos intentan descifrar mientras las bolsas de basura se acumulan y los perros callejeros hacen su festín.
Las denuncias ciudadanas no paran, habitantes de San Antonio La Isla y San Lucas reprocharon el pésimo servicio de recolección de basura que, aseguran, se vino abajo desde que comenzó la actual administración. En las calles, los montones de desechos y el olor a abandono se han vuelto el nuevo sello del municipio.
Lo más irónico, dicen los vecinos, es que Ale Castro presumió con bombo y platillo la compra de un camión recolector “de última generación”, resultado de una “gran inversión para mejorar los servicios públicos”. Sin embargo, la realidad huele muy distinto. Ese camión, que supuestamente resolvería todos los problemas, parece estar de vacaciones permanentes, porque nadie lo ha visto pasar por los barrios donde la basura ya forma parte del paisaje.
Mientras tanto, la administración de Ale Castro guarda silencio, como si el olor no llegara hasta el Palacio Municipal. Los vecinos exigen respuestas reales, no discursos adornados con hashtags ni fotos frente a un camión que solo sirvió para la foto de Facebook.
La situación ya roza lo absurdo: la gente paga impuestos, pero el municipio parece dar un servicio de “recolección sorpresa”, donde el camión pasa cuando quiere —o cuando recuerda que hay basura—. Algunos colonos incluso han tenido que contratar servicios privados para no vivir entre montones de bolsas rotas y moscas.
La tan mencionada “inversión histórica” en el camión recolector terminó siendo una inversión simbólica, porque lo único que recoge hasta ahora son burlas y reclamos. La imagen del municipio se ensucia a la par que sus calles, y la presidenta municipal parece más ocupada en el discurso que en poner en marcha una ruta eficiente.
En resumen, San Antonio La Isla se hunde en su propia basura, y mientras los vecinos ruegan por un servicio digno, el gobierno municipal sigue posando para la foto. Porque si algo ha demostrado Ale Castro, es que cuando se trata de limpiar el municipio… prefiere barrer los problemas bajo la alfombra.
Uriel Rosales
