Lerma

Un mes nadando en indiferencia

Un mes. Eso es lo que llevan los vecinos de la colonia Guadalupe intentando sobrevivir en medio de calles inundadas mientras OPDAPAS Lerma parece practicar el arte del “mirar sin mojarse”.
El agua no discrimina: cubre banquetas, patios, cocheras y la paciencia de quienes creyeron que vivir en Lerma significaba tener servicios básicos funcionales. Pero aquí, la realidad es otra: un charco tras otro, sumando días de incomodidad, riesgos de salud y la sensación constante de estar atrapados en un paisaje de postapocalipsis urbano, donde los vecinos son náufragos de su propia colonia.
Mientras tanto, los funcionarios del organismo hidráulico brillan por su ausencia. Llamadas, quejas, reportes… todo parece naufragar en un mar de burocracia que no deja ver la tierra firme. Ponerse en los zapatos de estos vecinos es imaginar salir de casa con botas de hule y paraguas en mano, no para la lluvia, sino para cruzar su propia calle. Cada paso es un pequeño acto heroico, cada charco un recordatorio de que la eficiencia de OPDAPAS se quedó en seco.
Los ciudadanos han hablado, han protestado y han documentado la situación, pero la respuesta oficial es tan invisible como los caminos secos en Guadalupe: simplemente no existen. Mientras el agua avanza, la administración se esconde tras papeles, informes y promesas que flotan más que las lanchas improvisadas de los vecinos.
Y no es solo cuestión de incomodidad: la falta de acción genera riesgos reales. Desde daños a viviendas hasta problemas de salud derivados del agua estancada, los habitantes de Guadalupe están obligados a vivir en un escenario que debería ser inaceptable en pleno siglo XXI.
Al final, la colonia Guadalupe no solo se inunda de agua, también se inunda de la desesperanza que provoca la indiferencia institucional. Los vecinos aprenden a nadar en lo que debería ser tierra firme, mientras OPDAPAS Lerma parece más un espectador que un salvavidas: cómodo, seco y totalmente ajeno al desastre que ocurre frente a sus ventanas.
Si esta situación no se corrige pronto, la historia de Guadalupe será recordada no como un ejemplo de comunidad resiliente, sino como un recordatorio del costo de la burocracia lenta y la falta de compromiso de quienes tienen la obligación de garantizar el agua… y no solo la tienen en sus oficinas, sino también en los discursos vacíos.                   Uriel Rosales

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