Pues continuemos con la alcaldesa de Mexicaltzingo, Saray Benítez Espinoza, por que, déjeme comentarle, que, la política local, parece un circo donde, los protagonistas cambian de bandera, con la misma facilidad, con la que cambian de discurso, ya que este espécimen, decidió dar un salto, que muchos califican de desvergüenza, renunció al PRI, ahora si de manera oficial, como le adelantamos en la edición pasada, este partido, que la llevó dos veces al poder, para enfilarse hacia nuevos horizontes, con la misma gracia con la que un acróbata cambia de barra.
Con un discurso que mezcla patriotismo, compromiso y oportunismo, la alcaldesa argumentó, que su decisión, se debía a que la dirigencia priista no le permitía coordinarse con el gobierno estatal.
Los vecinos, mientras tanto, observan el espectáculo con una mezcla de incredulidad y burla, preguntándose, si los brincos de partido, son para servir al pueblo, o para servir a los planes personales de esta politiquilla.
Lo curioso, y un tanto irónico, es que, la misma alcaldesa, que acusaba a Morena en campañas pasadas de interferir en el municipio, ahora asegura que el apoyo de la elite de Morena es la razón de su cambio.
La historia, dicen los vecinos, se repite, y en el municipio ya casi parece un espectáculo de feria, la política se juega más como espectáculo que como servicio.
Mientras tanto, la ciudadanía se queda con la sensación de que la coherencia, la transparencia y la lealtad son valores nulos cuando se trata de ambición política.
La pregunta que flota en el aire es clara: ¿Trabajar por el pueblo, o trabajar por el cargo? Para la alcaldesa, la respuesta, parece estar en el arte de brincar, sin perder ritmo, mostrando que, en la política local, la picardía y la oportunidad, pesan más que los votos o la confianza.
Con su reciente maniobra, la presidentita, se consolida como la desvergüenza de lujo, recordándonos a todos, amigo lector que, en la política municipal, la lealtad al partido es relativa, la lealtad al pueblo es negociable, y el espectáculo de los brincos vale más que cualquier discurso de servicio.
En resumen, el PRI perdió a una militante, Morena ganó una traidora y el pueblo, como siempre, quedó con el espectáculo de fondo.
Porque, como dice el refrán, “el chiste se cuenta solo, y aquí la politiquilla es la protagonista”.
Si piensa esta alcaldesa, que traicionando al PRI le van a abrir las puertas de morena, que no se le olvide que la que traiciona una vez traiciona dos veces y la élite de morena no se chupa el dedo.
Diego Sánchez
