La pestilencia

En San Antonio la Isla, parece que el nuevo aroma oficial del municipio es una mezcla entre basura fermentada y promesas incumplidas. El relleno sanitario —ese elegante eufemismo para decir “tiradero a cielo abierto”— se ha convertido en el monumento más fiel al gobierno de Ale Castro: desbordado, pestilente y sin control.
Los vecinos, hartos del olor y los mosquitos, ya no saben si usar cubrebocas por el smog o por el hedor que sale del basurero. Mientras tanto, la presidenta municipal sigue muy ocupada subiendo fotos con sonrisas y discursos reciclados (más reciclados que la propia basura que no logra controlar). Porque claro, es más fácil posar frente a una cámara que mirar de frente la podredumbre que su administración deja avanzar.
Las denuncias llevan años y los camiones siguen llegando. Día tras día, toneladas de desechos se amontonan en los límites del municipio, mientras la autoridad municipal brilla por su ausencia, o mejor dicho, por su indiferencia. Ale Castro, con su silencio cómplice, parece pensar que si no habla del problema, el olor se irá solo. Pero la realidad es que el relleno ya no solo contamina el aire… también la imagen de su gobierno, si es que todavía le queda alguna limpia.
“Vivimos con el olor, los mosquitos y el miedo de que nuestros hijos se enfermen”, repiten los habitantes que, a estas alturas, ya deberían ser nombrados héroes ambientales por sobrevivir a diario entre la negligencia y la pestilencia. Y mientras ellos piden soluciones, la presidenta parece aplicar la política del “ya veremos”, esa fórmula mágica con la que se barren los problemas debajo del tapete… o en este caso, debajo de toneladas de basura.
San Antonio la Isla hoy es el espejo del abandono: calles que huelen a desinterés, vecinos cansados de promesas que se descomponen antes de cumplirse, y un relleno sanitario que refleja el relleno político de discursos vacíos que Ale Castro suelta en cada evento. Porque si algo domina esta administración, es el arte de disimular entre aromatizantes institucionales y fotos de protocolo.
Pero el olor no se disimula. La podredumbre ya rebasó las bardas del relleno, cruzó los límites del municipio y llegó directo al escritorio de la alcaldesa, aunque ella siga fingiendo que no huele nada. En San Antonio la Isla, el aire duele y la gestión apesta.
Y mientras los vecinos exigen acciones reales, Ale Castro sigue con su show: inaugurando lo inexistente, prometiendo lo imposible y evitando lo urgente. Quizá el lema de su gobierno debería cambiar de “San Antonio avanza” a “San Antonio se pudre, pero con filtro de Instagram”.
Porque si algo está claro es que en este municipio el basurero no es solo un problema ambiental: es el símbolo perfecto de una administración que se descompone, día a día, igual que los desechos que entierra.
Uriel Rosales
Salir de la versión móvil