Mientras los vecinos de Tenango del Valle siguen sorteando calles destrozadas, obras empolvadas y promesas municipales que ya cumplieron su aniversario sin moverse un ladrillo desde agosto, parece que el dinero público sí sabe escoger destino… turístico.
Y es que mientras en el pueblo se oye el clásico “no hay presupuesto”, el hijo del alcalde Roberto Bautista anda viviendo la austeridad franciscana a la italiana, disfrutando de las maravillas de Roma junto a su pareja, con todo el estilo de quien no conoce lo que es esperar a que terminen una obra. ¡Ah, qué bonito es viajar cuando las banquetas del pueblo no te retienen!
Los ciudadanos, que cada día esquivan más hoyos que en una carrera de obstáculos, se preguntan con razón: ¿para el viaje sí hay dinero, pero para las obras no? ¿Será que los presupuestos municipales también se van de vacaciones a la Torre de Pisa?
Desde agosto las obras públicas de Tenango duermen el sueño eterno: montones de tierra como decoración urbana. Pero claro, mientras el pueblo se acostumbra al polvo, otros disfrutan del mármol romano.
La famosa “austeridad” del gobierno local parece tener dos versiones: una para los de arriba con vuelos, selfies y cappuccinos y otra para el pueblo con baches, lodo y paciencia infinita. Porque si algo queda claro en Tenango del Valle, es que cuando se trata de arreglar calles no hay recursos, pero cuando se trata de pasear por Europa, ahí sí el dinero se vuelve turista. Total, dirán en el palacio municipal, “el pueblo aguanta”. Y sí aguanta… pero ya cansa ver cómo en Roma se gasta lo que en Tenango hace falta. Uriel Rosales
