Patrullando desde lejos

La Policía Estatal tuvo que desplegar un operativo que llegó hasta San Antonio la Isla para buscar personas desaparecidas, recorriendo caminos olvidados, lotes baldíos y zonas de riesgo. Fueron ellos quienes tuvieron que asumir lo que debería ser responsabilidad de la corporación local, adentrándose en el municipio para cubrir un vacío que nadie más se atrevió a enfrentar. La verdad es clara y preocupante: la Policía Municipal de San Antonio la Isla está ausente cuando más se la necesita.
Mientras los agentes estatales patrullaban, investigaban y buscaban a personas desaparecidas, la Policía Municipal permanecía invisible. Ni coordinación, ni supervisión, ni siquiera un informe; su falta de presencia es alarmante y deja a la comunidad en una situación de riesgo constante. Los vecinos han tenido que presenciar cómo caminos olvidados, lotes baldíos y zonas peligrosas quedan sin vigilancia, mientras la delincuencia encuentra terreno fértil en la omisión de quienes juraron protegerlos.
Los ciudadanos perciben un abandono total. La Policía Municipal no patrulla, no investiga, no responde. Cada operativo estatal sirve como un recordatorio de que la autoridad local es un fantasma, incapaz de cumplir con las funciones más básicas. La seguridad del municipio depende completamente de agentes externos, porque los locales han decidido mantenerse al margen. Su inacción no solo es negligente, es peligrosa; el silencio que dejan detrás es un espacio donde el miedo y la impunidad pueden normalizarse.
Cada día que pasa, queda más evidente que la Policía Municipal no cumple con su deber. Los vecinos viven con la preocupación constante de que cualquier situación de riesgo quede sin atención, y cada operativo estatal que entra al municipio revela el vacío institucional que la corporación local ha dejado crecer. La comunidad se siente desprotegida, obligada a depender de la intervención de otros porque la Policía Municipal simplemente no está.
San Antonio la Isla corre el riesgo de convertirse en un terreno fértil para la delincuencia. La ausencia de vigilancia, la falta de investigación y la inacción constante de la corporación local crean un clima donde la seguridad es un lujo y no un derecho. Cada operativo estatal es un recordatorio de que la Policía Municipal no cumple con su función y que los vecinos están, una vez más, a merced del miedo, la impunidad y la negligencia institucional.
Y la presidenta Ale Castro, ¿Dónde está? Bien, gracias. En su nube.
Uriel Rosales
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