Portadas

Pipa millonaria

Pues mire usted, que en Tenancingo parece que la honestidad cuesta cara, pero carísima, y no se lo digo por chisme, sino porque los números no mienten, aunque a algunos les incomode hacer cuentas, en abril pasado, la alcaldesa la tal Nancy Nápoles Pacheco
presumía con bombo, platillo y hasta alfombra roja la compra de patrullas, camiones recolectores, góndolas y una reluciente pipa para el organismo de agua, todo parecía un logro de esos que se presumen con foto y sonrisas oficiales, hasta que los números dejaron de cuadrar.
Resulta que la dichosa pipa para OPDAPAS costó al municipio 2 millones 737 mil pesos, pagados a una empresa de Toluca, pero y aquí está el detalle que huele rancio la misma empresa ofrece la misma unidad, con las mismas características, en 2 millones 370 mil pesos, es decir, 367 mil pesos que se evaporaron más rápido que el agua en sequía, y que seguramente fueron a regar algún jardín privado. Mientras la gente batalla por pagar el agua o arreglar una fuga, el Ayuntamiento parece haberse especializado en inflar precios y discursos, claro, todo en nombre del “progreso”, del “compromiso con el pueblo” y de la “honestidad que distingue al gobierno actual”, palabras grandes, sí, pero resultados del tamaño de una gotera.
Los tenancinguenses ya no saben si reír o llorar, por un lado, la alcaldesa se pasea en actos públicos hablando de transparencia, por el otro, la realidad muestra una transparencia de otro tipo, la del cristal por donde se ve clarito cómo se escurre el dinero del pueblo.
Y mientras la ciudadanía exige respuestas, en el Ayuntamiento nadie rinde cuentas, pero eso sí, los discursos los dan de memoria, porque aquí los únicos que parecen tener las manos llenas, son los que firman, la decepción es general: Nancy Nápoles Pacheco prometió cambio, pero lo único que cambió fue la cantidad de ceros en las facturas.
Tenancingo ya no puede seguir hundido entre la inercia, los escándalos y la prepotencia disfrazada de administración, las manifestaciones recientes, la indignación ciudadana y la falta de respuestas son prueba de que el pueblo ya se cansó de los pretextos y de los “todo está en regla”, no está en regla que el dinero público desaparezca, no está en regla que el pueblo pague los lujos de nadie.
A final de cuentas, la pipa de la corrupción ya no lleva agua, sino cinismo, y mientras el pueblo espera servicios, obras y seguridad, los funcionarios parecen haber encontrado la manera de hacer rendir los pesos, pero solo cuando se trata de su bienestar.
En Tenancingo, la honestidad se volvió discurso de campaña, la transparencia un adorno en los informes y la rendición de cuentas un mito de ciencia ficción, por eso, cada vez más voces exigen una revisión seria, una auditoría real y hasta una revocación de mandato, porque un gobierno que traiciona la confianza del pueblo no merece ni un día más de aplausos.
Porque cuando el dinero público desaparece con esa elegancia, uno ya no sabe si está ante una administración o ante un espectáculo de magia política, de esos donde el presupuesto se esfuma, pero el brillo en los bolsillos permanece intacto, y el pueblo, que ya no se chupa el dedo, empieza a gritar lo que todos piensan y pocos se atreven a decir, “¡Tenancingo merece cuentas claras, no cuentos caros!
 Daniel Sánchez

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