En Almoloya de Juárez la austeridad parece haberse vuelto tan extrema, que alcanzó incluso la transparencia. Porque mientras en Zinacantepec los sueldos escandalosos al menos aparecen en los portales oficiales, en Almoloya ni eso: el dinero se esconde mejor que los baches tapados.
Intentamos seguir el rastro del salario del alcalde Adolfo “Chiquitito” Solís, el contraparte de Manuel “Chapatín” Vilchis, pero la búsqueda terminó en lo que parece ser el deporte municipal: la opacidad. Ni en el IPOMEX, ese rincón donde debería habitar la transparencia, aparece algo. Cifras, sueldos, contratos… todo se evaporó. O quizá nunca existió.
Eso sí, la austeridad se nota. No en el palacio municipal ni en los garajes oficiales, sino en las calles rotas, las colonias olvidadas y las comunidades que parecen congeladas en el siglo pasado. Ahí la austeridad se respira, se camina, se padece. Mientras tanto, el alcalde “Chiquitito” Solís se mueve en una camioneta pickup valuada en más de un millón de pesos —porque claro, se necesita un vehículo 4×4 para surcar las calles de Almoloya, mientras que la gente batalla por no quedarse en los cráteres que usan por caminos.
Y si hablamos de estilo, la primera dama de Almoloya parece llevar la bandera de la elegancia… con marcas de lujo que poco combinan con la pobreza presupuestal que presume el Ayuntamiento. Todo indica que mientras las arcas municipales lucen flacas, los guardarropas familiares gozan de una salud envidiable.
La pregunta es inevitable: ¿cómo se mantiene tanta “modestia” con tan poca información pública? ¿Será que el sueldo oficial no existe porque el ingreso real se mide en otras unidades… como transferencias, convenios o discreciones?
En Almoloya de Juárez, la transparencia es tan discreta que ya ni se ve. Pero no hay que preocuparse, porque si de austeridad se trata, las calles del municipio son el ejemplo perfecto: llenas de carencias, con baches que podrían ser patrimonio histórico, y servicios públicos que parecen estar en huelga perpetua.
Mientras tanto, “Chiquitito” Solís y su esposa continúan su propio desfile de prosperidad en medio de la miseria institucional. Porque si algo ha logrado este gobierno es demostrar que en Almoloya sí hay austeridad… pero solo para el pueblo.
Luis Garduño.
