El buen juez por su casa empieza

En Lerma, la polémica gira en torno a una patrulla de tránsito municipal que recorre las calles y aplica multas… sin portar placas. La ironía no ha pasado desapercibida para los vecinos, quienes recuerdan que los mismos agentes solían quitar matrículas a los ciudadanos por faltas mínimas, mientras ahora circulan sin ninguna identificación visible.
La unidad, adscrita al área de Tránsito Municipal, realiza operativos y sanciona a conductores, pero al no tener placas, impide que la ciudadanía pueda reconocerla, presentar quejas o comprobar la legalidad de las infracciones. Esta falta de identificación ha sido vista como una forma de actuar con total impunidad, pues da a los agentes la posibilidad de “hacer lo que quieran, cuando quieran y sin rendir cuentas”.
El hecho ha generado indignación entre los habitantes, quienes consideran que se trata de un ejemplo claro de cómo las autoridades exigen cumplir la ley, pero no la respetan. Para muchos, la patrulla sin placas se ha convertido en una metáfora del gobierno local: una autoridad que se esconde tras el anonimato y aplica la legalidad solo cuando le conviene.
En tono de burla, los vecinos ya la apodan “la patrulla fantasma” o incluso imaginan que podría ser parte de un “operativo secreto” del ayuntamiento. Entre la molestia y el sarcasmo, el episodio deja un mensaje evidente: en Lerma, las reglas parecen tener una sola dirección, y la autoridad sigue circulando —sin placas, sin vergüenza y con total libertad.
Uriel Rosales
Salir de la versión móvil