La Magia Política

En Xalatlaco, los tubos parece que viajan, se mueven y hasta cambian de rumbo sin previo aviso, lo que debía ser una obra sencilla la del famoso puente municipal hoy se convirtió en un enredo digno de telenovela política, donde el guion se escribe con concreto, drenaje y promesas al aire.
Durante semanas, se repitió el cuento de la falta de material, como si los tubos se hubieran esfumado por arte de magia, pero no, no fue magia, resulta que el material sí existe, solo que tomó camino a otro destino, Santiago Tianguistenco y mientras allá podrían estar preparando el terreno, en Xalatlaco las calles siguen esperando que alguien les devuelva lo que era suyo.
El manejo irregular de materiales públicos no es novedad, pero cada vez indigna más, en Xalatlaco, la gente no reclama millones, reclama coherencia, si los recursos son del pueblo, deberían quedarse en el pueblo, no es tanto pedir que el puente se construya de oro, sino que al menos se construya.
“Nos dijeron que faltaban tubos, pero aquí lo que sobran son cuentos”, comenta un residente, cansado de promesas que se derrumban antes que las obras, y mientras tanto, el puente sigue en pausa, los tubos siguen lejos y el silencio, como siempre, hace de cemento.
Xalatlaco no necesita discursos redondos ni justificaciones cuadradas, necesita que los materiales lleguen donde deben llegar, porque si las tuberías siguen tomando rumbo distinto, pronto no habrá agua, ni drenaje, ni paciencia que alcance.
Los tubos se fueron, el puente se quedó y la gente, una vez más, se quedó viendo cómo el progreso se escapa por la coladera, la indignación crece, y no solo por los posibles desvíos de materiales, sino por lo que ese silencio representa, la confirmación de que la infraestructura pública sigue siendo terreno fértil para los enredos, los favores y las decisiones de Abelito, mientras la gente sigue esperando lo básico, agua limpia, caminos transitables y un puente que no se quede a medias.
Xalatlaco no necesita discursos ni listones cortados al viento, sino gobiernos que cumplan con hechos, porque el pueblo ya aprendió a leer entre líneas, a desconfiar de las excusas y a reconocer cuando el agua no corre por las tuberías, sino por las grietas del sistema.
Y ahí está el detalle, mientras los tubos cambian de rumbo y las explicaciones se evaporan, el puente sigue parado, y la paciencia del pueblo también, en el fondo, la historia es vieja, pero sigue vigente.
Porque cuando las obras públicas se negocian como si fueran trueques entre compadres, el resultado es el mismo de siempre, obras a medias, cuentas claras paranadie y un pueblo cansado de ver cómo la transparencia se escurre entre las manos.
Diego Sánchez
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