La presidenta municipal de Tenancingo, Nancy Nápoles Pacheco hizo efectiva la renuncia del profesor Mario Mares a la Dirección de Servicios Públicos, que se fue por dignidad, una palabra que cada vez se escucha menos en los pasillos del Ayuntamiento y ojalá el gesto del profesor fuera contagioso, porque si algo urge en ese palacio municipal es que otros siguieran su ejemplo, la directora de Gobernación (o de Sobornación, como algunos la llaman ya sin pena), el tesorero Erick García Reyes y la directora de Administración, quienes, junto con la propia alcaldesa, forman el club selecto de los que más daño le han hecho al municipio.
Pero claro, el control y los caprichos de la “reina” no se tocan, fiel a su estilo, Nápoles Pacheco mantiene la tradición de gobernar con familiares y amigos, aunque la mayoría no tenga ni la mínima idea de lo que es el servicio público, todo indica que el nuevo encargado del despacho (y futuro director, si nada cambia en la corte real) será Ariel Peña, hombre de confianza del omnipresente Moisés Nápoles Pacheco, hermano de la alcaldesa y verdadero operador tras bambalinas.
Con semejante jugada, queda claro que el poder en Tenancingo se hereda por apellido, no por capacidad y así, mientras los servicios públicos, ecología, limpia, panteones y alumbrado se utilizan con fines facciosos y tintes políticos, el pueblo sigue hundido entre baches, basura y desilusión.
Y mientras la ciudadanía paga las consecuencias de este desorden con nombre y apellido, la excelentísima familia real de su majestad Nancy Nápoles Pacheco sigue repartiéndose el poder y lo que venga con él, En fin, Tenancingo ya no parece un municipio, sino un negocio familiar con credencial de gobierno, donde los parientes despachan, los amigos cobran y el pueblo aguanta, la dignidad se fue por la puerta grande, y los mismos de siempre se quedaron y la presidenta sigue creyendo que gobernar es un asunto de apellidos y apapachos, no de resultados.
Aquí no hay gabinete, hay comité de compadres, no hay administración, hay herencia política y lo único público, es la vergüenza, dicen que los pueblos tienen los gobiernos que toleran, pero en Tenancingo, ya ni eso, toleran poco, se quejan mucho y, aun así, la corte de Nápoles sigue reinando, con cetro de soberbia y corona de ineptitud.
Al final del día, Nancy Nápoles no gobierna, administra silencios, y los pocos que se atreven a hablar terminan viendo cómo sus palabras se barren junto con la poca credibilidad que le queda a su gestión, la única luz que no se apaga es la del foco rojo que anuncia la ingobernabilid.
Daniel Sánchez
