Mexicaltzingo

No oigo, No oigo nada

En Mexicalzingo, la molestia ciudadana va en aumento, pero la presidenta municipal Saray Benítez Espinoza, ha encontrado la solución más sencilla, aunque no la más valiente para lidiar con ella, cerrar los comentarios en sus redes sociales, porque, claro, si la gente se queja, mejor que no se escuche.
La medida llega justo cuando la inconformidad está en su punto más alto, vecinos, comerciantes y hasta propios simpatizantes han comenzado a señalar el caos administrativo, la falta de resultados visibles y la ineptitud de algunos de sus colaboradores, que más que trabajar por el municipio, parecen dedicados a inventar nuevas formas de justificar lo que no se hace.
Y es que las calles de Mexicalzingo ya cuentan la historia por sí solas, entradas plagadas de baches, el puente en condiciones deplorables y la vialidad al panteón municipal convertida en un recorrido de obstáculos, mientras tanto, las promesas de mejora se acumulan en el aire junto con el polvo del abandono.
Las críticas no tardaron en brotar, y una de ellas, publicada en redes sociales, resume el sentir colectivo con brutal honestidad que a la letra le transcribo:
“Por el amor de Dios, ya dígnate en arreglar mínimo las entradas al municipio, el puente lleno de baches y la del panteón igual. (Hablo de repavimentar parejo, no solo bachear). Ya nadie te pide ayuda personal, tan siquiera pasa a hacer algo bien para que tu nombre no quede tan manchado como ya lo está. ¿De verdad no te da vergüenza o de plano no la conoces?”
Una frase que duele porque retrata lo que muchos piensan, que el gobierno local perdió el rumbo y el pudor al mismo tiempo, pero en lugar de enfrentar la crítica con trabajo o diálogo, la presidenta optó por lo más fácil, silenciarla.
Hoy, las redes oficiales del Ayuntamiento parecen un escaparate de monólogos, fotos con poses de trabajo, comunicados sin sustancia y cero espacios para la opinión ciudadana, porque si algo ha demostrado esta administración es que prefiere el silencio digital al ruido de la verdad.
Mexicalzingo no pide milagros, solo que su presidenta trabaje, escuche y cumpla, tres verbos que, al parecer, no están en su diccionario político y mientras ella restringe comentarios, el pueblo comenta más fuerte, en la calle, en las esquinas, en donde el descontento se multiplica sin censura.En este municipio, la voz del pueblo sigue siendo el último espacio libre, aunque a la alcaldesa le incomode, porque, como dicen que, cuando un gobierno le tiene miedo a la opinión de su gente, es porque algo está haciendo muy mal y eso, en Mexicalzingo, ya no se puede ocultar con filtros ni con silencio.
Diego Sánchez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba