“Chapatín” rico, pueblo con miedo

Después de exhibir el salario obsceno de Manuel “Chapatín” Vilchis —ese paquete premium de “dietas”, “gratificaciones” y “vacaciones” que suma casi tres millones de pesos al año— uno pensaría que el alcalde, al menos, tendría la decencia de invertir parte del resto del presupuesto en seguridad. Pero Zinacantepec demuestra que la lógica administrativa local funciona al revés: mientras el presidente se llena los bolsillos, los ciudadanos vacían los suyos tratando de sobrevivir.
Y para prueba, la nueva modalidad de robo que se ha visto en la comunidad de San Martín del Monte, a puesto en estado de alerta.
En un video de apenas 24 segundos, difundido en redes sociales, se observa cómo varios vehículos cierran el paso a una camioneta que intenta incorporarse a una avenida. De inmediato, descienden sujetos armados y rodean al conductor con evidente intención de despojarlo del vehículo. La víctima, en un acto que es más reflejo de instinto que de confianza en la autoridad, logra escapar acelerando a toda velocidad.
La escena podría pertenecer a una narcoserie… si no fuera porque ocurrió a plena luz del día, en un municipio que presume tener “certidumbre y gobernabilidad”.
Mientras los ciudadanos se la juegan por sobrevivir, el alcalde presume números, pero solo los de su propia nómina.
Porque después de confirmar —gracias al IPOMEX— que “Chapatín” cobra 391 mil 400 pesos en dietas, 91 mil 140 en gratificaciones, 53 mil 645 en prima vacacional, 60 días de aguinaldo, y un salario base de 160 mil 847 mensuales, la pregunta inevitable es:
¿Qué parte de esos casi tres millones anuales se destina a la seguridad del municipio?
A juzgar por los hechos: ninguna.
En San Martín del Monte, los grupos delictivos parecen tener mejor coordinación que la propia policía municipal. En 24 segundos, los delincuentes montan una operación completa; en el mismo tiempo, difícilmente la autoridad logra contestar un teléfono. No hay presencia preventiva, no hay vigilancia en las zonas críticas y no hay estrategia pública más allá del eterno “ya se está investigando”.
Zinacantepec, mientras tanto, paga —y muy bien— a un presidente cuya mayor productividad se mide en el grosor de su aguinaldo. Si existiera un medidor de eficiencia gubernamental, “Chapatín” seguramente también cobraría un bono por no usarlo.
| El contraste duele, pero ya no sorprende:
• Calles sin seguridad.
• Vecinos organizándose solos.
• Delincuentes operando en convoy.
• Y un alcalde cuya mayor operación es la financiera… pero solo la de su propia cuenta.
En Toluca, el alcalde cobra menos y administra más. En Zinacantepec, el alcalde cobra mucho y administra… videos de asaltos que se viralizan porque la gente ya no sabe a quién más acudir.
En el reino del “modo Deluxe”, la única certificación vigente es la de la ineptitud.
Y mientras los ciudadanos esquivan asaltos, la Presidencia Municipal sigue esquivando responsabilidades.
Zinacantepec no necesita un alcalde con sueldazo: necesita un gobierno despierto, presente y funcional.
  Pero con “Chapatín” Vilchis a la cabeza, lo único que sigue aumentando —además de su salario— es el miedo.
Luis Garduño.
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