La ineptitud de OPDAPAS

En la calle 3 de Mayo, en la colonia Guadalupe, Lerma despertó con un espectáculo tan peculiar que bien podría protagonizar un documental sobre desastres urbanos: una fuga de agua desbordándose con tal entusiasmo, que cualquiera pensaría que OPDAPAS Lerma decidió incursionar en el turismo acuático.
El chorro fluye con una libertad casi poética desde una vivienda, extendiéndose por la vialidad como si el municipio estuviera inaugurando su propio canal de navegación… solo que sin proyecto, sin permisos, sin lógica y, por supuesto, sin mantenimiento.
La escena es el retrato más fiel del absurdo: litros y litros de agua potable perdiéndose bajo el sol mientras la dependencia hidráulica demuestra su habilidad magistral para ignorar todo aquello que debería atender.
Se les escapa el agua, sí, pero también la responsabilidad, la reacción y, al parecer, el sentido más básico de urgencia.
Porque si algo distingue a OPDAPAS Lerma es su perfecta coordinación entre la lentitud para responder y la rapidez con la que el agua se agota en las casas.
Una verdadera coreografía institucional: cuando toca cobrar, actúan con la velocidad y precisión de un pit crew de Fórmula 1; cuando toca reparar una fuga que convirtió la calle en una alberca improvisada, entonces practican una espiritual serenidad digna de un retiro de meditación.Unos auténticos maestros zen del legendario “ya iremos… algún día”.
Ahora mismo, la vialidad luce un acabado brillante, como si algún artista contemporáneo hubiera decidido barnizar el asfalto con agua potable pagada por todos.
El flujo avanza sin resistencia, recordándonos que en Lerma la infraestructura hidráulica sí funciona… pero en sentido contrario.
El agua sale a montones donde no debe, y falta donde sí debería llegar.
OPDAPAS Lerma vuelve a demostrar su increíble talento para observar una fuga monumental sin inmutarse, como si estuvieran contemplando una obra de arte efímero.
Quizá hasta piensen: “¿Y si la dejamos así tantito más?” Total, ¿qué importa?Entre las escaseces en varias zonas, los reportes que se apilan sin solución y el líquido vital decorando las calles, pareciera que la misión de la dependencia es coleccionar fugas como si fueran estampitas de edición especial.
Así, Lerma suma un capítulo más a su larga y lamentable saga de desperdicio hídrico, mientras la autoridad responsable sigue interpretando su papel favorito: el del figurante que jamás aparece en escena, aunque tenga el protagónico asegurado.
Una actuación impecable… claro, si el objetivo es ganar el premio a la indiferencia del año
Uriel Rosales
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