Agua ausente, propaganda presente

Mientras en diversas colonias de Tenango del Valle el agua brilla por su ausencia y la desesperación de las familias se vuelve rutina, el gobierno municipal parece vivir en una realidad completamente diferente. En redes sociales, los reportes ciudadanos evidencian no solo la falta del servicio, sino también un nivel de desperdicio que indigna a quienes llevan días sin una sola gota en sus hogares.
En una de las publicaciones recientes, se observa cómo el agua corre sin control en plena vía pública, mientras los vecinos que no tienen acceso al servicio básico denuncian la incongruencia de un municipio que exige responsabilidad ciudadana, pero es incapaz de garantizar la infraestructura mínima para evitar fugas y desperdicios. Para muchos, esta escena es una metáfora perfecta de lo que hoy viven: agua tirada en la calle y tinacos vacíos en casa.
A pesar de esta crisis evidente, el presidente municipal Roberto Bautista utiliza sus plataformas oficiales para mostrar avances en obras de infraestructura, como la rehabilitación de la calle Del Rastro.
Fotografías, mensajes optimistas y etiquetas como #ObraQueTransforma intentan vender la idea de un gobierno activo y eficiente. Sin embargo, para buena parte de la población, estas publicaciones suenan más a autoelogio que a resultados, sobre todo cuando la prioridad más urgente el acceso al agua potable sigue sin atenderse.
El contraste no podría ser más evidente: mientras varias colonias sobreviven con cubetas y pipas improvisadas, la administración celebra pavimentaciones y “transformaciones” que poco alivian la realidad cotidiana de miles de familias. Para los ciudadanos, el problema no es la obra pública en sí, sino la desconexión absoluta entre lo que el gobierno presume y lo que realmente necesita la gente.
La falta de agua no es solo una molestia: es un problema de salud pública, un factor que paraliza actividades diarias, un desgaste emocional y económico.
Y Mientras el ayuntamiento no asuma este tema como prioridad, cada publicación celebratoria del alcalde seguirá siendo vista como una afrenta, como propaganda que se impone sobre las necesidades más básicas del municipio.
                             Uriel Rosales
Salir de la versión móvil