“Chiquitín” al mando

Almoloya de Juárez vuelve a ser escenario de la creatividad —o más bien, del desorden— del presidente municipal Adolfo “Chiquitín” Solís, quien parece haber agotado ya cualquier idea sensata y se ha dedicado a improvisar decisiones como si gobernar fuera un experimento social permanente.
Para empezar, está el brillante episodio del cambio vial: de un día para otro, calles de la cabecera municipal pasaron de un solo sentido a doble sentido. ¿Consultas ciudadanas? ¿Estudios de movilidad? ¿Algo parecido a planeación? Nada. Solís decidió que era buena idea… y eso bastó. El caos vial como política pública.
Mientras tanto, el comercio ambulante volvió a adueñarse del centro, especialmente los domingos de tianguis. Entre puestos que invaden banquetas y peatones esquivando triciclos, la seguridad vial parece depender más de la suerte que de la autoridad municipal. Pero el alcalde, ocupado en sus ocurrencias, no tiene tiempo para pensar en accidentes.
Luego está el capítulo de la presidencia municipal cerrada por remodelación, una remodelación tan conveniente que obligó al ayuntamiento a “autorentarse” un nuevo espacio: la famosa Plaza Invernal, propiedad —qué coincidencia— del propio Solís. Transparencia nivel Dios.
Pero la joya de la corona está en San Francisco, a la altura del fraccionamiento Geovillas, donde se presume la obra estrella de 80 millones de pesos. Una inversión monumental… que terminó convertida en un derrumbe anunciado. Tragedia que muchos llaman “accidente”, pero que en realidad huele más a imprudencia, resultado de una administración que no distingue entre planeación y capricho.
En resumen, Adolfo “Chiquitín” Solís sigue demostrando que gobernar Almoloya de Juárez no es su prioridad. Su prioridad, más bien, parece ser jugar a ser alcalde… pero sin instrucciones, sin manual y sin la menor intención de aprender.
Luis Garduño
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