Informe blindado

En Mexicaltzingo, el tan anunciado informe de actividades de la presidenta municipal Saray Benítez Espinoza terminó siendo lo que muchos vecinos ya sospechaban, un evento «público» tan público, que el pueblo quedó afuera.
Sí, aunque usted no lo crea, si no traía invitación o, mejor dicho, pase de confianza, simplemente no entraba. ¿A qué le temía Saray? Esa es la pregunta que retumbó entre los habitantes que se quedaron del otro lado del acordonamiento, viendo cómo el informe se convertía en un acto exclusivo, blindado y cuidadosamente filtrado.
Porque lo que debió ser un ejercicio de rendición de cuentas, terminó pareciendo un operativo digno de visita presidencial, vallas, personal cercando accesos, revisiones y un ambiente más propio de «protegerse del pueblo» que, de gobernar para él, vecinos señalan que el cerco instalado parecía diseñado para evitar que el descontento ciudadano se colara al recinto, o que alguien le fuera a «arruinar el numerito» a la alcaldesa frente a las autoridades estatales invitadas, no fuera a ser que, entre tanto aplauso prefabricado, se escuchara una verdad incómoda.
Y es que la molestia generalizada no viene de ayer, la gente de Mexicaltzingo lleva tiempo sintiendo que esta administración habla de un municipio que solo existe en discursos, no en sus calles, por eso, el hermetismo del informe cayó como gasolina sobre la inconformidad, ¿Por qué cerrar un acto público? ¿Por qué negar el acceso a quienes deberían ser los primeros en enterarse de lo que se ha hecho o de lo que no se ha hecho?
Preguntas simples, pero que hasta el momento nadie del gobierno interino ha respondido, lo que sí quedó claro es que el informe no buscaba ciudadanos, buscaba espectadores pasivos para aplaudir un guion ya ensayado, eso explica por qué el pueblo al que realmente se deben las cuentas, quedó afuera, literalmente, viendo la función desde la banqueta.
Saray Benítez Espinoza tampoco ha explicado por qué el informe se escondió del pueblo, tal vez fue precaución, tal vez fue estrategia, o tal vez fue miedo, porque con el rechazo creciente que se respira en Mexicaltzingo, no sería raro que temiera que su misma gente le cantara sus verdades frente a las autoridades estatales que tan cuidadosamente invitó.
Lo que sí sería raro rarísimo es que en su informe se hubiera dicho la realidad, esa que afuera murmuran los vecinos, que Mexicaltzingo merece mucho más que un evento blindado, un discurso maquillado y una presidenta que le habla al pueblo, solo cuando lo tiene lejos.
Diego Sanchez
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