Da coraje, da rabia y da una impotencia que aprieta el estómago ver el video que circula desde Tenancingo, no deja espacio a la duda ni a los matices, lo que se observa no es autoridad, es abuso, no es protocolo, es fuerza bruta, no es orden, es prepotencia institucional descargada contra una mujer en plena vía pública, como si el uniforme otorgara permiso para someter, humillar y callar.
En las imágenes, varias policías de tránsito reducen violentamente a una mujer que se negaba a subir a una patrulla, hay jaloneos, empujones y un espectáculo grotesco que se parece más a un linchamiento con placa que a un procedimiento legal, todo ocurre a plena luz del día, frente a ciudadanos que miran atónitos cómo quienes deberían proteger se convierten en agresores sin pudor ni contención.
Y la rabia crece cuando se entiende que esto no es un hecho aislado, en Tenancingo, la violencia desde el poder ya es costumbre, basta recordar el vergonzoso episodio protagonizado por Moisés Nápoles Pacheco, hermano de la presidenta municipal Nancy Nápoles Pacheco, junto con otros integrantes de su familia, quienes agredieron y amenazaron a un reportero en un evento público, misma soberbia, mismo desprecio, mismo mensaje que hoy se repite con uniforme, aquí manda quien se siente intocable.
Lo verdaderamente indignante no es solo el uso excesivo de la fuerza, sino el silencio sepulcral del gobierno municipal, no hay comunicado, no hay explicación, no hay postura, no hay disculpa, no hay investigación anunciada, nada, en Tenancingo, cuando la autoridad se pasa de la raya, la presidencia municipal opta por mirar al techo y fingir que no vio el video que ya vio todo el pueblo.
La pregunta no solo es inevitable, es incómoda, ¿esto es gobernar? ¿Policías que someten sin explicar, familiares en el poder que predican con el ejemplo y un ayuntamiento que normaliza la agresión mientras se llena la boca hablando de respeto, derechos y legalidad, cada segundo del video enciende más el enojo ciudadano porque deja claro algo escalofriante, en Tenancingo la ley no se argumenta, se empuja, no se explica, se impone, no se respeta, se manosea, y cuando la autoridad actúa así, deja de ser autoridad para convertirse en amenaza con logotipo oficial?
Hoy la rabia no es solo por una mujer sometida, es por un patrón que se repite, por un gobierno que tolera el abuso, lo protege con silencio y lo administra con indiferencia, porque cuando el poder agrede y nadie responde, lo que queda no es gobernabilidad, es miedo, hartazgo y una desconfianza profunda hacia quienes dicen mandar, pero no saben gobernar.
En Tenancingo ya no sorprende la violencia; lo verdaderamente insultante es la normalización del abuso desde el poder, aquí se golpea, se calla y luego se espera que el pueblo aplauda, pero el pueblo vio el video, lo grabó, lo compartió y lo entendió perfecto, y por más discursos huecos, comunicados tibios o silencios cómodos que salgan del palacio municipal, hay algo que esta administración no logra controlar, la memoria, la rabia acumulada y el hartazgo de una ciudadanía que ya no se traga cuentos, ni golpes disfrazados de autoridad.
Diego Sánchez
