Si alguien aún tenía dudas de que en Almoloya de Juárez se gobierna a base de ocurrencias, la administración de Adolfo “Chiquitín” Solís se ha encargado de despejarlas una por una. Aquí no hay planes, diagnósticos ni consultas; hay improvisación pura, presentada con la solemnidad de política pública. El resultado es un municipio donde el caos dejó de ser consecuencia para convertirse en método.
El primer capítulo de esta tragicomedia fue el cambio vial exprés. De la noche a la mañana, calles que durante años funcionaron con un solo sentido despertaron con doble circulación. No hubo avisos, estudios de movilidad ni la mínima intención de escuchar a vecinos o comerciantes. Simplemente se decidió, porque decidir sin pensar también es una forma de gobernar… aunque sea la más peligrosa. El caos vial no tardó en aparecer: claxonazos, discusiones, confusión y el riesgo constante de accidentes. Pero eso sí, la improvisación quedó inaugurada oficialmente.
Luego vino el episodio de la presidencia municipal “en remodelación”. Una remodelación tan estratégica que obligó al ayuntamiento a mudarse a otro inmueble. ¿Lo mejor? El nuevo espacio es la famosa Plaza Invernal, propiedad del propio presidente municipal. Autorentarse con recursos públicos es, al parecer, el nuevo concepto de eficiencia administrativa. Transparencia, rendición de cuentas y conflicto de interés quedaron guardados en el cajón de “cosas que aquí no aplican”.
Y cuando parecía que el desorden se limitaba a obras y decisiones administrativas, las redes sociales se encargaron de mostrar que el problema va más allá. En días recientes comenzó a circular un video que desató la indignación ciudadana: policías municipales circulando por una vialidad de Almoloya del Río hablando por celular, volándose los topes y conduciendo sin la mínima precaución. Como si eso no fuera suficiente, las patrullas ni siquiera portaban placas.
La escena es tan simbólica como preocupante. Quienes deberían ser ejemplo de respeto a la ley parecen tratarla como una sugerencia opcional. Si la autoridad no cumple las reglas más básicas de tránsito, ¿con qué cara puede exigirlas a la ciudadanía? La molestia social no tardó en expresarse en comentarios y publicaciones: enojo, burla y una sensación generalizada de que en Almoloya la ley se aplica solo cuando conviene.
Así, entre calles improvisadas, obras millonarias mal ejecutadas, autorentas sospechosas y policías que conducen como si estuvieran en un videojuego, Adolfo “Chiquitín” Solís sigue demostrando que gobernar Almoloya de Juárez no parece ser su prioridad. Su prioridad, más bien, parece ser jugar a la administración pública sin reglas, sin manual y, sobre todo, sin asumir las consecuencias.
En Almoloya, el mensaje es claro: el desorden no es un error del sistema, es el sistema mismo. Y mientras eso no cambie, el municipio seguirá avanzando… pero en reversa.
Luis Garduño.
