El desorden es ley

La semana pasada, una ciudadana acudió al panteón con la expectativa más básica y humana: encontrar un poco de paz. Lo que halló fue otra cosa.
Un escenario digno de película de desastre, pero sin efectos especiales y con demasiada realidad: flores arrancadas, floreros rotos, cruces hechas pedazos, vidrios estrellados y tumbas vandalizadas.
Todo tirado, desparramado, abandonado. Ni respeto, ni vigilancia, ni autoridad. Un caos tan absoluto que bien podría confundirse con la versión mortuoria del propio Ayuntamiento.
Lo más irónico por no decir cínico es que, según el papel membretado, el panteón sí tiene personal encargado de vigilarlo.
Encargados están… de existir en la nómina, porque de vigilar no hay rastro. El camposanto tiene menos seguridad que un lote baldío: cualquiera entra, cualquiera destruye y nadie responde.
La pregunta no es quién vandalizó, sino dónde estaba la autoridad mientras ocurría. El reclamo ciudadano fue tan simple como demoledor: si ya ni los muertos tienen paz, ¿qué se puede esperar para los vivos? Y la respuesta, tristemente, llegó rápido.
Esta semana, en redes sociales comenzó a circular un video captado por cámaras de seguridad que muestra el momento en que un individuo intenta despojar de su camioneta a un ciudadano.
El hecho fue reportado por un familiar con un mensaje claro y urgente: “Buenas noches, solamente para informarles que estén alertas, hace aproximadamente una hora suponemos querían quitarle la camioneta a mi familiar; desafortunadamente no se alcanzan a distinguir las placas del taxi.
Esto sucedió en la colonia Flores Magón y se fueron con rumbo a Acahualco, en #Zinacantepec”. El aviso no es menor. No es chisme, es miedo.
El mismo miedo que se respira en un panteón abandonado
Porque cuando no hay vigilancia en los cementerios, tampoco la hay en las colonias. Cuando no se protege a los muertos, mucho menos se protege a los vivos. Así, Zinacantepec parece avanzar hacia una lógica perversa: abandono arriba, abandono abajo, abandono en todas partes.
Panteones sin resguardo, intentos de robo a plena vista, cámaras que sí graban pero autoridades que no aparecen. La seguridad se volvió un tema decorativo, algo que se presume en discursos pero se ausenta en la realidad.
Hoy, el mensaje para la ciudadanía es claro, aunque nadie lo diga oficialmente: cuídese solo. Cuide a sus muertos. Cuide su patrimonio.
Cuide su vida. Porque mientras el desorden se normaliza y la autoridad brilla por su ausencia, en Zinacantepec la paz ya no está garantizada… ni siquiera después de la muerte.
Luis Garduño.
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