Mientras desde el micrófono se repetían palabras como avance, progreso y transformación, en las calles de Mexicaltzingo la realidad se encargaba de desmentir cada frase, tras el primer informe de gobierno de la presidenta municipal Saray Benítez Espinoza, el descontento ciudadano no tardó en hacerse sentir, lo dicho en el acto oficial, coinciden vecinos, no tiene nada que ver con la vida diaria del municipio.
Guarniciones sin pintar, calles destrozadas, topes invisibles, vialidades sin pavimentar y una entrada al municipio, especialmente el puente, sucia, parchada y en franco abandono, contrastan de manera brutal con el Mexicaltzingo “ejemplar”, que se intentó vender desde el estrado, a esto se suma un parque y una unidad deportiva que más que espacios públicos parecen monumentos al descuido, la omisión y la falta de mantenimiento.
Las preguntas que circulan entre la población son tan sencillas como incómodas: ¿cuánto presupuesto se necesita realmente para atender lo básico?, ¿y a dónde se está yendo el dinero que año con año recibe el municipio?, porque lo visible no refleja planeación, inversión ni resultados, solo desgaste, abandono y simulación.
El malestar va mucho más allá de la imagen urbana, vecinos señalan la falta de respuesta ante los asaltos, la ausencia de ambulancias en emergencias, la escasa vigilancia y una policía que, lejos de imponer orden, parece rebasada y temerosa, para muchos ciudadanos, el primer informe de Saray Benítez no fue un ejercicio de rendición de cuentas, sino una puesta en escena, un discurso pulido que describió un Mexicaltzingo paralelo, inexistente para quienes viven entre calles rotas, servicios deficientes y autoridades ausentes.
Y es que el problema no es la falta de palabras, es el exceso de mentiras, mientras el gobierno insiste en narrar su versión idealizada, el pueblo responde con hechos, con enojo y con hartazgo, porque Mexicaltzingo no necesita más discursos ni más “bla bla bla”, necesita gobierno, y cada día que pasa queda más claro que entre lo que se dice y lo que se hace, Saray Benítez gobierna solo desde el micrófono, mientras el municipio sigue pagando las consecuencias en el suelo, en la seguridad y en la dignidad de su gente.
Porque si el informe pretendía convencer, terminó exhibiendo, Saray Benítez habló como si gobernara otro municipio, quizá uno imaginario donde las calles se reparan solas, la inseguridad no existe y el abandono se maquilla con discursos largos y aplausos cómodos.
Diego Sánchez
