Patrulla atropella… y huye

En Xalatlaco, en la calle Morelos, del barrio San Francisco, una unidad de la policía municipal embistió a un motociclista, dejándolo lesionado y tirado en el pavimento, mientras los elementos involucrados, según testigos, buscaban escapar del lugar.
No fue un “accidente menor”, fue una escena que encendió la indignación vecinal, una patrulla oficial, un ciudadano herido y policías más preocupados por huir que por asumir su responsabilidad, vecinos relatan que tuvieron que intervenir para evitar que los agentes abandonaran la escena, confirmando una percepción que en Xalatlaco ya es recurrente, cuando la autoridad se equivoca, corre, cuando el ciudadano cae, lo deja solo.
Y como ya es costumbre en este municipio, el silencio institucional llegó puntual, ni el Ayuntamiento ni la presidencia municipal encabezada por Abelito Flowers han emitido postura alguna, no hay explicación, no hay nombres, no hay versiones oficiales, aquí, al parecer, la estrategia de gobierno sigue siendo la misma, callar, esperar y apostar a que el escándalo se diluya solo.
El problema es que este atropellamiento no ocurre en el vacío, se suma a una larga lista de señalamientos contra una policía municipal que parece operar sin control, sin supervisión y, peor aún, sin consecuencias, en Xalatlaco, la patrulla ya no simboliza auxilio, sino riesgo; ya no impone respeto, genera desconfianza.
La pregunta que hoy retumba en el barrio San Francisco es brutal pero legítima, ¿Quién investiga a la policía cuando la policía intenta huir?, se espera que el ayuntamiento y la dirección de seguridad pública municipal abran la carpeta correspondiente, pero en Xalatlaco la ciudadanía ya aprendió a desconfiar de los “se espera”, porque mientras los expedientes duermen, los responsables siguen patrullando, y el mensaje es claro, aquí la impunidad también tiene sirena.
En Xalatlaco, gobernar parece significar esconderse, y mandar una patrulla no es garantizar seguridad, sino jugar a la ruleta rusa en la vía pública, Abelito Flowers podrá seguir cultivando silencios, pero cada atropello, cada fuga y cada omisión van dejando claro que en este municipio la ley no se aplica, se esquiva y cuando el gobierno huye más rápido que la patrulla que atropella, lo que queda no es autoridad, es un pueblo cansado de esquivar tanto coches como mentiras oficiales.
Diego Sánchez
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