En Tenancingo el agua no falta por sequía, falta por ineptitud, ambición y desorden institucional, OPDAPAS se ha convertido en un organismo sin pies ni cabeza, pero con manos largas, donde el desabasto convive cómodamente con los cobros excesivos, las fugas monumentales y una opacidad que ya huele a negocio, todo ocurre bajo la complaciente mirada de la administración que encabeza Nancy Nápoles Pacheco, esa donde nada pasa, hasta que pasa factura a la gente.
Colonias enteras padecen cortes constantes mientras el recibo llega puntual, inflado y sin respeto a descuentos de ley para adultos mayores, el mensaje es claro, agua poca, cobro mucho y cuando no hay en la llave, siempre aparece la pipa, casualmente, como solución milagrosa en un mercado que, según voces internas y ciudadanos, parece más rentable que resolver fugas que llevan semanas, o meses, desperdiciando miles de litros ante la indiferencia oficial.
El desastre operativo no es casualidad, se cayó el sistema, se cayó la planeación, se cayó la credibilidad, el tendido de nuevas redes se hace mal y a las prisas, como si improvisar fuera política pública, mientras tanto, el organismo es manejado como extensión de la Tesorería Municipal, donde el tesorero Erick García Reyes, según señalamientos que circulan dentro y fuera del ayuntamiento, pretende tener control absoluto de lo que entra, lo que sale y a quién se le compra.
El nombramiento de perfiles cuestionados, removidos en otras áreas por ineptitud y prepotencia, pero reciclados en OPDAPAS como “subdirectores operativos”, es la cereza del pastel, funcionarios que llegan tarde, se van temprano y deciden poco, pero cobran mucho, novatos colocados no para administrar agua, sino para administrar obediencia. Todo mientras el director recién nombrado parece más un fusible que una autoridad real, listo para cargar culpas que otros generan.
Y entonces surge la pregunta incómoda, la que nadie en el palacio municipal quiere responder, ¿Nancy Nápoles Pacheco no sabe lo que ocurre en OPDAPAS, o sí sabe y lo permite?, porque el nivel de desorden, saqueo administrativo y abuso sistemático no se da solo, aquí hay omisión o complicidad, no hay punto medio.
En Tenancingo, OPDAPAS dejó de ser un organismo operador de agua para convertirse en un operador de negocios, donde la ambición de unos cuantos seca las llaves de miles y mientras la gente hace cuentas para pagar recibos absurdos o espera pipas como si fueran limosna, en el gobierno municipal se hacen cuentas de otro tipo, esas que no siempre llegan a caja.
Al final, el sistema se cayó, pero no por falla técnica, sino por exceso de cinismo. Y cuando el agua falta, la factura sube y el silencio oficial persiste, lo que queda claro es que en Tenancingo no gobierna la eficiencia ni el servicio público, gobierna la avaricia, la improvisación y una administración que tarde o temprano tendrá que explicar por qué dejó que el agua se volviera negocio y el pueblo, el pagano.
Daniel Sánchez
¿Otra del Tesorero?
