¡Gobierno entre Basura!

En San Antonio la Isla, la basura ya no solo se amontona en bolsas y desperdicios: se acumula en la omisión, en el abandono y en la comodidad política de un gobierno municipal que decidió hacerse el ciego, el sordo y el mudo, a escasos metros de una preparatoria, una vivienda convertida en foco de infección expone algo más grave que malos olores, la absoluta incapacidad del Ayuntamiento para ejercer su función más básica, cuidar a su gente.
Mientras vecinos y padres de familia organizan firmas, denuncias y preocupaciones legítimas, la presidenta municipal Alejandra Castro opta por la estrategia más conocida de los malos gobiernos, no ver, no responder y esperar a que el problema se pudra solo, la cercanía del inmueble con una escuela no encendió alarmas, no activó inspecciones ni provocó una sola reacción visible. Aquí, al parecer, la salud pública es opcional y la prevención un lujo que el municipio no se quiere permitir.
La ironía es grotesca: discursos de bienestar, promesas de desarrollo y fotografías institucionales contrastan con una realidad que huele a abandono, una posible fuente de infección normalizada frente a estudiantes no es un descuido, es una decisión política por omisión, no intervenir no es neutralidad, es complicidad administrativa, en San Antonio la Isla, el riesgo sanitario no alarma al gobierno, lo incomoda, y por eso lo ignora.
Y la realidad es brutalmente clara, la basura no es el problema principal, el problema es que gobierna alguien que aprendió a convivir con ella, porque cuando una casa llena de desechos puede operar impunemente frente a una escuela, el mensaje es contundente, aquí no manda la ley, manda la indiferencia, San Antonio la Isla no está sucio por casualidad, está así porque su gobierno decidió no limpiar nada, empezando por su propia responsabilidad.
Porque en San Antonio la Isla ya quedó claro que la autoridad solo aparece cuando hay corte de listón o foto oficial, pero desaparece cuando el problema huele mal, incomoda o exige trabajo real, mientras los vecinos juntan firmas, el gobierno junta silencio, mientras la basura crece, la voluntad política se encoge, no es falta de conocimiento, es falta de carácter, no es descuido, es una forma muy clara de gobernar: dejar que el tiempo tape lo que la autoridad no quiere resolver.
Así que sigue así, Ale, sigue esperando a que la basura se resuelva sola, a que el riesgo sanitario se acostumbre y a que la indignación se canse, total, en este municipio parece que la mugre no escandaliza y la negligencia ya es política pública, porque cuando una presidenta municipal permite que la insalubridad se normalice frente a una escuela, no gobierna, administra el abandono y en ese tiradero, la única que nunca aparece es la responsabilidad.
Lorena Roca

Salir de la versión móvil