Mexicaltzingo

Política utilitaria

La presidenta municipal de Mexicaltzingo, Saray Benítez Espinoza, decidió cambiar de camiseta política y ahora se suma a Morena, en un movimiento que, más que ideológico, parece una maniobra de supervivencia política en medio de una administración cuestionada, desgastada y señalada por la ciudadanía.
A cuatro meses de haber abandonado al PRI, la alcaldesa encontró nuevo refugio en el partido guinda, ese que hoy concentra el poder estatal y federal, justo cuando gobernar exige resultados que en Mexicaltzingo simplemente no aparecen.
La adhesión fue celebrada en redes sociales por la dirigencia estatal de Morena, que la recibió con los brazos abiertos como parte de su “fortalecimiento territorial”, aunque en el municipio la percepción es otra: una administración marcada por la ineficiencia, el silencio ante problemas de seguridad, el deterioro de servicios y una policía constantemente señalada por abusos y escándalos, cambiar de partido no cambia esa realidad, solo la maquilla.
Saray Benítez llegó al poder bajo las siglas del PRI, partido que hoy deja atrás sin mayor explicación pública, en una transición que confirma lo que muchos ciudadanos ya sospechan: en la política local los colores importan menos que el cálculo, y los principios suelen ajustarse según sopla el viento del poder, hoy es Morena, ayer fue PRI; mañana, si conviene, será cualquier otro. Mientras desde la dirigencia estatal hablan de reconfiguración política y fortalecimiento, en Mexicaltzingo lo que se ve es un gobierno que no ha logrado fortalecer ni la seguridad, ni la confianza ciudadana, ni la transparencia, el cambio de partido llega en medio de cuestionamientos constantes sobre el desempeño municipal, como si bastara con una afiliación para borrar los pendientes acumulados.
Bienvenida a Morena, presidenta, ojalá que el cambio de siglas venga acompañado, por primera vez, de un cambio real en la forma de gobernar, porque si no, Mexicaltzingo solo habrá sido testigo de otro acto clásico de la política local: cuando la gestión falla, se cambia de color, y se espera que la memoria ciudadana también lo haga.
Diego Sánchez

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