Tradición Maltratada

La improvisación volvió a instalarse como política pública en Tenancingo, la reubicación de comerciantes y la falta de planeación para el tradicional mercado del garro como cada año en cuaresma, expone a ciudadanos y visitantes a riesgos innecesarios, calles saturadas, tránsito descontrolado y peatones obligados a convivir con vehículos en condiciones que podrían terminar en tragedia, lo que debería ser una jornada de convivencia termina convertido en un escenario de peligro por decisiones tomadas al vapor.
El problema no es la actividad comercial ni la tradición, es la incapacidad de la autoridad municipal para organizarla con criterio, cuando un gobierno no prevé, no ordena y no protege, deja a la gente a su suerte y normaliza el caos como si fuera parte del paisaje, la improvisación no es estrategia, es síntoma de un ayuntamiento que opera sin rumbo, sin diagnóstico y sin responsabilidad.
Bajo la administración de Nancy Nápoles Pacheco, la gestión pública parece reducirse a ocurrencias que generan más problemas de los que resuelven, cambios sin sentido, decisiones sin sustento y medidas que solo evidencian la ausencia de un plan serio para el municipio, gobernar no es reaccionar tarde ni mover piezas sin pensar en las consecuencias, es anticiparse y cuidar a la gente; justo lo que hoy no ocurre.
El resultado es el de siempre: ciudadanos expuestos, vialidades colapsadas y una autoridad que actúa como si el orden fuera opcional, Tenancingo no enfrenta una crisis por falta de recursos, sino por falta de dirección, porque cuando la prioridad no es la seguridad ni la organización, cualquier evento se convierte en un problema mayor.
Y mientras el gobierno municipal presume control, la realidad grita lo contrario: desorden, riesgo y decisiones que parecen tomadas sobre la marcha, aquí no hay planeación, hay parches; no hay estrategia, hay ocurrencias, no hay liderazgo, hay improvisación permanente.
El cierre es tan claro como incómodo, en Tenancingo la autoridad no organiza, estorba, no previene, reacciona, no gobierna, administra el caos, y así, entre calles saturadas, decisiones torpes y ciudadanos expuestos, la administración municipal confirma que no hace falta un desastre para evidenciar la ineptitud, basta con ver cómo intentan gobernar.
Daniel Sánchez