En Ocoyoacac ya no sorprenden los bloqueos; sorprende que todavía haya ciudadanos que crean que el gobierno municipal piensa explicar algo.
Pobladores de San Pedro Cholula amenazan con cerrar el cruce de las avenidas Ocoyoacac y Acueducto, no por capricho ni por gusto de complicar el tránsito, sino porque algo tan básico como el agua potable se convirtió, bajo esta administración, en un misterio digno de investigación.
La exigencia es simple, transparencia sobre el plan de obras hidráulicas y claridad sobre el destino del agua que se extrae de los pozos de la zona, pero lo simple parece imposible cuando la autoridad prefiere el silencio administrativo como política pública, los vecinos denuncian mayor extracción de agua mientras las obras prometidas siguen exactamente igual: sin avances, sin maquinaria y, aparentemente, sin intención.
Curiosamente, después de que no se alcanzara un acuerdo con la presidenta municipal, el agua dejó de llegar a Tepexoyuca, antes sí había servicio; después del desacuerdo, desapareció, la obra sigue intacta, nadie movió una bomba, nadie modificó nada, salvo el suministro, casualidades administrativas que solo entiende quien firma las decisiones desde el escritorio.
Mientras tanto, el bloqueo ya afecta la circulación hacia Santiago Tianguistenco, generando caos vial que termina pagando la ciudadanía, esa misma que solo pide respuestas básicas, porque cuando el agua se suspende sin explicación, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve política: ¿quién decidió castigar a una comunidad cerrando la llave?
El contexto tampoco ayuda a tranquilizar a nadie, hace poco, el delegado de Cholula fue privado de su libertad y regresó con visibles golpes, un hecho alarmante que incrementa la tensión social y evidencia un municipio donde los conflictos escalan más rápido que las soluciones.
Y, aun así, el gobierno municipal parece apostar por la estrategia favorita de muchas administraciones, esperar a que el cansancio ciudadano haga el trabajo que la autoridad no quiere hacer, sin diálogo real, sin transparencia y sin respuestas claras, la gestión pública se reduce a observar cómo el problema crece mientras se redactan comunicados que no dicen nada.
Hoy, Ocoyoacac enfrenta algo más grave que un bloqueo, un gobierno incapaz de explicar decisiones básicas sobre un derecho fundamental, porque el agua no debería ser moneda de presión política ni herramienta de negociación silenciosa, pero aquí estamos, en un municipio donde las bombas no se mueven, las obras no avanzan, las respuestas no llegan, y lo único que fluye con constancia es la desconfianza ciudadana.
Lorena Roca
