Gobierno de adorno

En San Antonio la Isla ya quedó claro algo: cuando el gobierno municipal no gobierna, los vecinos terminan haciéndolo, y aun así la autoridad llega únicamente para estorbar, lo ocurrido en la Colonia Primavera no es un conflicto vial ni un malentendido ciudadano; es la fotografía perfecta de una administración encabezada por Alejandra Castro que parece más preocupada por aparentar control que por ejercerlo realmente, durante meses, vecinos solicitaron diálogo, soluciones y algo tan básico como ordenar el paso de camiones de carga pesada por una calle que jamás fue diseñada para soportarlos.
¿La respuesta oficial? Silencio absoluto, pero bastó que los ciudadanos hicieran lo que el Ayuntamiento no quiso hacer, regular el tránsito para proteger sus casas y familias, para que las autoridades aparecieran con una eficiencia que nunca mostraron para resolver el problema de fondo, llegaron rápido, sí, pero únicamente para retirar los obstáculos, no para retirar el riesgo.
En San Antonio la Isla la lógica institucional parece invertida: prevenir daños no es prioridad, pero desmontar la evidencia del abandono sí lo es, los vecinos no bloquearon la calle, no paralizaron el tránsito ni generaron caos; simplemente intentaron impedir que tráileres y camiones siguieran destruyendo su entorno.
Algo que, en cualquier municipio funcional, habría sido atendido mediante señalización, regulación y diálogo, aquí no, aquí la estrategia fue esperar a que el problema creciera y luego intervenir solo para demostrar quién manda, aunque nadie esté resolviendo nada.
Porque ese es el verdadero fondo del asunto: un gobierno que confunde autoridad con imposición y presencia con liderazgo, la presidenta municipal fue solicitada directamente por los vecinos y, como suele ocurrir cuando la realidad toca la puerta del Palacio Municipal, la respuesta nunca llegó, ni reunión, ni explicación, ni solución. Solo funcionarios enviados a apagar el síntoma mientras la enfermedad sigue intacta.
El resultado es grotesco: ciudadanos defendiendo su seguridad mientras el gobierno defiende su ego administrativo y lo más preocupante no es el conflicto en sí, sino el mensaje político que deja: en San Antonio la Isla las decisiones no se toman para proteger a la población, sino para evitar que la ciudadanía evidencie la ausencia del gobierno.
Porque cuando un Ayuntamiento actúa únicamente para retirar conos, pero no para resolver problemas, deja de ser autoridad y se convierte en escenografía institucional, hoy los vecinos siguen firmes porque entendieron algo que el gobierno aún no parece comprender.
La seguridad no se negocia y la paciencia ciudadana tiene límite y mientras Alejandra Castro intenta sostener la narrativa de orden desde el escritorio, la realidad en la calle dice otra cosa, el municipio no enfrenta un problema de tránsito pesado, enfrenta un gobierno ligero, ausente y profundamente incómodo frente a ciudadanos que ya dejaron de esperar.
Porque cuando el pueblo tiene que organizarse para protegerse del abandono oficial, la pregunta ya no es quién cerró la calle, sino quién cerró primero los ojos desde el Ayuntamiento.
Lorena Roca.
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