Zinacantepec
Incompetencia municipal

Lo que durante meses fue molestia contenida terminó por estallar en San Luis Mextepec, delegación del municipio de Zinacantepec, donde habitantes decidieron salir a manifestarse para exigir la destitución inmediata del primer delegado Jorge Romero Aldama y de la segunda delegada Flor María Díaz Jardines.
Señalados por presuntos abusos físicos y verbales contra vecinos de la comunidad, incluyendo la agresión al esposo de la cuarta delegada Martha Delia Cruz, hecho que terminó por encender la indignación colectiva.
De acuerdo con testimonios ciudadanos, el episodio no sería un caso aislado, sino parte de una cadena de atropellos, malos tratos y conductas autoritarias.
Que, aseguran, se han repetido constantemente por parte de quienes deberían representar y servir a la comunidad, vecinos denuncian que varias personas han sido víctimas de agresiones físicas y verbales, configurando un ambiente de tensión y abuso que terminó por romper la paciencia social.
La protesta no solo fue contra los delegados señalados, sino también contra la indiferencia del Ayuntamiento de Zinacantepec, encabezado por el presidente municipal “Chapatín” Vilchis, a quien acusan de permitir que personajes sin capacidad ni vocación de servicio permanezcan en cargos públicos.
Pese a las denuncias ciudadanas, para muchos habitantes, el problema ya no es únicamente el comportamiento de los delegados, sino la falta total de control político y administrativo desde el gobierno municipal.
Porque cuando los representantes comunitarios actúan con prepotencia y violencia, la pregunta inevitable es quién los respalda o quién decide mirar hacia otro lado, y en Zinacantepec, señalan vecinos, parece que la autoridad solo aparece para discursos y fotografías, pero desaparece cuando se trata de poner orden dentro de su propia estructura.
Las consignas fueron claras, “el pueblo pone y el pueblo quita”, una frase que resonó entre los manifestantes como recordatorio de que la legitimidad no se sostiene con nombramientos políticos, sino con respeto y resultados, hoy, aseguran, la comunidad ya habló y exige cambios inmediatos.
El conflicto deja al descubierto algo más profundo: un gobierno municipal que parece rodearse de funcionarios improvisados, incapaces de mediar conflictos y aún menos de representar dignamente a la ciudadanía, cuando quienes deberían construir comunidad terminan generando miedo y confrontación, la responsabilidad ya no es individual, sino institucional.
Y así, mientras en San Luis Mextepec la gente tiene que salir a las calles para exigir respeto básico, el gobierno de Zinacantepec confirma una vez más que su mayor talento no es gobernar, sino tolerar la incompetencia propia, porque cuando los abusos se vuelven costumbre y la autoridad guarda silencio, lo que queda claro es que el problema no solo está en los delegados, sino en quien los mantiene ahí.
Al final, la pregunta ya no es por qué el pueblo protesta, sino cuánto más tendrá que gritar para que en el Palacio Municipal alguien recuerde que gobernar no significa repartir cargos entre leales, sino garantizar respeto, orden y dignidad, aunque, viendo el nivel de dirección actual, quizá pedir eso en Zinacantepec ya sea demasiado optimista.
Diego Sánchez