Lo que debería ser una institución encargada de proteger a la ciudadanía comienza a perfilarse, según denuncias y testimonios, como una estructura señalada por operar exactamente al revés, en Xalatlaco, habitantes y fuentes internas apuntan a un escenario alarmante: policías municipales presuntamente involucrados en asaltos a mano armada, no como hechos aislados, sino bajo un esquema que, aseguran, contaría con conocimiento y aval desde los propios mandos de seguridad pública.
Las acusaciones señalan directamente al director de Seguridad Pública, Víctor Manuel Gutiérrez Zaragoza, a quien responsabilizan de presuntamente tolerar, autorizar e incluso proteger estas conductas a cambio de beneficios económicos.
De acuerdo con versiones ciudadanas y testimonios internos, los robos habrían ocurrido tanto dentro como fuera del municipio, bajo una lógica de operación donde parte del dinero obtenido sería entregado a superiores jerárquicos a cambio de impunidad, privilegios operativos y ausencia total de sanciones.
Entre los nombres mencionados en las denuncias aparecen Julio Ángel Alberto, Lucio Robles Aragón y Elvis Robles Aragón, este último identificado como jefe de turno, quienes además mantendrían vínculos familiares entre sí y con mandos policiales.
Según los señalamientos, estas relaciones habrían permitido la consolidación de un círculo de protección interna donde la supervisión desaparece y la rendición de cuentas simplemente no existe, en otras palabras, una corporación que, lejos de vigilarse a sí misma, habría aprendido a encubrirse.
Uno de los elementos que más sospechas ha generado entre ciudadanos es el patrón recurrente de motocicletas con reporte de robo que aparecen como “recuperadas”, pero sin detenidos ni puestas a disposición ante el Ministerio Público. Esta práctica, reiterada según las denuncias, contraviene protocolos legales básicos y alimenta la percepción de simulación de resultados: cifras que aparentan eficiencia policial mientras los responsables nunca aparecen y los casos se diluyen convenientemente en trámites administrativos.
El resultado, según vecinos, es una seguridad pública debilitada desde dentro, donde quienes deberían combatir el delito son señalados por formar parte de él, la desconfianza ciudadana crece al mismo ritmo que las acusaciones, mientras el silencio institucional se vuelve cada vez más pesado, porque cuando la policía deja de inspirar confianza y comienza a generar miedo, el problema ya no es operativo, es estructural.
Ante la gravedad de los señalamientos, ciudadanos han solicitado la intervención de la fiscalía general de Justicia del Estado de México y de órganos de control interno para investigar posibles responsabilidades penales y administrativas dentro de la cadena de mando.
Sin embargo, hasta ahora, el gobierno municipal encabezado por Abelito Flowers mantiene una ausencia pública que muchos interpretan como indiferencia, o algo peor.
Y es que en Xalatlaco la pregunta ya no es si existen problemas de seguridad, sino quién controla realmente la seguridad, porque cuando los ciudadanos empiezan a temerle más a una patrulla que a un delincuente, algo se rompió profundamente en el gobierno municipal.
Diego Sánchez
