Zinacantepec
Chorro de ineptitud

En el camino viejo a Santa Cruz Cuauhtenco no solo se está tirando agua. Se está exhibiendo, gota por gota, el tamaño de la incapacidad del gobierno municipal de Zinacantepec. La fuga es grande, visible, constante, no es una filtración escondida ni un problema técnico complejo.
Es un chorro abierto sobre la vía pública que cualquier funcionario podría ver si decidiera salir de la oficina, pero en la administración de Chapatín Vilchis, parece que el agua puede correr libremente mientras la responsabilidad permanece completamente estancada.
Vecinos hicieron lo que corresponde, reportar, intentaron comunicarse con OPDAPAS, ¿La respuesta?, línea ocupada, una ironía grotesca: el sistema de atención tan saturado como la fuga misma, cuando el agua se pierde a chorros, la eficiencia también.
En discursos oficiales seguramente hablarán de “compromiso con el medio ambiente”, de “uso responsable del recurso” y de “atención inmediata a reportes ciudadanos”, pero la realidad es más ruidosa que cualquier boletín, el agua sigue corriendo y nadie aparece. Porque aquí no hablamos solo de desperdicio hídrico. Hablamos de desperdicio de confianza.
Cada litro que se va por el pavimento es un recordatorio de que el Ayuntamiento no tiene capacidad de reacción ni protocolos eficaces de atención, ¿Dónde está Iván Saucedo Sánchez director de OPDAPAS?, ¿Dónde está la supervisión?, ¿Dónde está el Chapatin Vilchis? OPDAPAS, que debería ser un organismo técnico con reacción inmediata, hoy es percibido como una oficina lenta, desconectada y rebasada, y cuando la incompetencia administrativa se vuelve costumbre, ya no es error: es modelo de gestión.
En Zinacantepec no hay crisis de agua, hay crisis de liderazgo, porque gobernar no es posar para fotografías ni cortar listones; gobernar es responder cuando el recurso público se desperdicia frente a todos, hoy el agua corre sin control, mañana correrán las excusas.
Pero lo que no corre, ni fluye, es la responsabilidad política y mientras el chorro sigue abierto, la pregunta ya no es cuándo lo van a reparar, sino cuánta ineptitud más tiene que derramarse antes de que alguien en el Palacio Municipal entienda que el cargo no es decorativo, en Zinacantepec la fuga es hidráulica, la negligencia, institucional.
Diego Sánchez