Almoloya de Juárez
Corporación quebrada

Mientras el discurso oficial presume orden y autoridad, dentro de la Policía Municipal de Almoloya de Juárez la realidad parece ser muy distinta, elementos de la propia corporación denuncian hostigamiento laboral, presiones constantes y malos tratos al interior de la institución que, en teoría, debería garantizar disciplina, respeto y condiciones dignas para quienes arriesgan la vida por la seguridad del municipio.
Sí, leyó bien, los mismos policías que salen a patrullar calles, enfrentar delitos y dar la cara por la seguridad de la población, hoy denuncian que dentro de su propia corporación viven bajo un ambiente de presión, abuso y hostilidad, un panorama que deja al descubierto algo más profundo que un simple conflicto interno, una institución fracturada desde adentro.
Porque cuando quienes deben proteger a la ciudadanía terminan pidiendo protección dentro de su propio trabajo, el problema ya no es administrativo, es estructural, y eso inevitablemente lleva a mirar hacia arriba, hacia la cadena de mando y hacia la responsabilidad política del gobierno municipal encabezado por Adolfo “Chiquitín” Solís.
Resulta irónico que en Almoloya de Juárez la autoridad presuma operativos, discursos de seguridad y promesas de orden, mientras al interior de la corporación policiaca los propios elementos aseguran vivir bajo presiones laborales y condiciones que distan mucho de ser dignas, parece que la disciplina institucional se interpreta más como intimidación que como liderazgo.
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede un gobierno municipal exigir eficacia y compromiso a sus policías si ni siquiera es capaz de garantizarles respeto, estabilidad y condiciones laborales justas?, un cuerpo policial desmotivado, hostigado o sometido a presiones internas no solo es un problema laboral; es un riesgo directo para la seguridad pública, porque un policía que trabaja bajo miedo o desgaste institucional difícilmente puede desempeñar su función con la eficacia que exige la ciudadanía.
Mientras tanto, desde la presidencia municipal todo parece seguir como si nada pasara. Silencio oficial, indiferencia administrativa y el viejo recurso político de mirar hacia otro lado esperando que el problema se desgaste solo.
Pero los policías ya hablaron, y lo que están denunciando no es menor, hostigamiento, presión y malos tratos dentro de una institución que debería ser ejemplo de orden.
Así que la pregunta para el gobierno municipal es bastante simple, aunque incómoda: si ni siquiera pueden mantener en orden a su propia policía, ¿cómo pretenden mantener en orden al municipio?
Porque en Almoloya de Juárez el problema ya no parece ser solo la seguridad en las calles, sino el desorden que se vive dentro del propio gobierno.
Lorena Roca