En Zinacantepec, la corrupción ya no se denuncia, se graba, un video que circula entre ciudadanos muestra a una oficial de tránsito recibiendo dinero de un motociclista en plena vía pública, sin rodeos, sin discreción y sin el más mínimo intento de ocultarlo: la clásica “mordida” convertida en escena cotidiana.
Porque en este municipio, al parecer, la ley no se aplica, se negocia, el hecho ha generado indignación no solo por lo evidente del acto, sino porque no es un caso aislado. Vecinos señalan que estas oficiales acumulan múltiples quejas por prepotencia, abusos y una obsesión por infraccionar, muchas veces más enfocadas en sacar dinero que en ordenar el tránsito.
Y sí, aquí hay responsabilidad de ambas partes, pero no es lo mismo un ciudadano que cae en la práctica… que una servidora pública que la institucionaliza. Porque cuando quien debe hacer cumplir la ley es quien la vende, el problema deja de ser individual, se vuelve estructural, las miradas apuntan directamente hacia la cadena de mando, incluyendo al comisario de seguridad Héctor Hugo Osorno, y por supuesto al presidente municipal Chapatín Vilchis.
Porque cuando la corrupción ocurre en la calle, en uniforme y frente a todos, la pregunta es inevitable, ¿esto pasa sin que nadie se dé cuenta… o pasa porque nadie quiere verlo?
El escándalo no llega solo,se suma a una creciente percepción de desorden, irregularidades en patrullas y una crisis de seguridad que ya no puede maquillarse con discursos, mientras tanto, en Zinacantepec, la escena es cada vez más clara, tránsito cobrando en efectivo, ciudadanos grabando, y autoridades, guardando silencio.
Y lo más insultante es que ni siquiera se trata de corrupción sofisticada o escondida, no, aquí es a plena luz del día, frente a todos y sin consecuencias visibles, como si el uniforme fuera licencia para extorsionar y no para servir. Porque cuando una oficial recibe dinero en la calle y nada pasa, el mensaje es brutal: no es un error, es una práctica tolerada.
Y así, Zinacantepec sigue descomponiéndose desde adentro, con una autoridad que pierde el control, una corporación que actúa por cuenta propia y un gobierno municipal que parece más cómodo ignorando el problema que enfrentándolo. Porque al final, la pregunta ya no es si hay corrupción… la pregunta es hasta dónde llega y quién la está permitiendo.
Diego Sánchez
