En Lerma, la autoridad vuelve a dar de qué hablar, pero no por eficiencia ni por resultados, sino por un nuevo episodio que huele a abuso, irresponsabilidad y descaro, una patrulla de la policía municipal protagonizó un choque contra un vehículo particular estacionado, y en lugar de asumir su responsabilidad, los uniformados optaron por lo más fácil, culpar al ciudadano y tratar de voltear la historia.
Según la denuncia, los elementos impactaron el automóvil y posteriormente argumentaron que el vehículo se encontraba en un sitio “prohibido”, como si eso justificara el error o, peor aún, como si fuera la excusa perfecta para no hacerse responsables, una escena que, para muchos vecinos, refleja una preocupante costumbre: cuando la autoridad falla, en lugar de dar la cara, prefiere inventar culpables y cerrar filas.
Testigos aseguran que la unidad oficial fue la que cometió el error, lo que ha provocado indignación entre ciudadanos que cuestionan cómo se pretende responsabilizar al afectado, cuando la patrulla, que debería ser ejemplo de orden y conducción responsable, termina protagonizando el incidente, porque en Lerma parece que las patrullas no solo vigilan, también chocan y luego improvisan explicaciones.
Las críticas apuntan directamente al Mike, donde este tipo de situaciones no hacen más que alimentar la percepción de un gobierno sin control, sin supervisión y con elementos que actúan con total impunidad.
Y es que el problema no es solo el choque, el problema es la actitud, porque cuando la autoridad intenta deslindarse de su responsabilidad, el mensaje es devastador: si ellos no responden por sus errores, ¿qué puede esperar el ciudadano común?
En Lerma, la escena parece repetirse, primero ocurre el incidente, después aparece la excusa, y finalmente el silencio institucional, todo mientras la ciudadanía observa cómo quienes deberían garantizar el orden parecen actuar con la tranquilidad de saber que difícilmente habrá consecuencias.
Porque cuando una patrulla choca y luego culpa al afectado, no es solo un accidente… es una muestra del nivel de descomposición institucional, y bajo la administración de Mike, la percepción crece, en Lerma no solo hay fallas, hay una autoridad que cuando se equivoca, prefiere mentir antes que responder.
Y así, entre patrullas que chocan, versiones que cambian y responsabilidades que nadie asume, la confianza ciudadana vuelve a recibir otro golpe, porque en Lerma, al parecer, la ley se aplica con firmeza, pero solo cuando el ciudadano es el señalado, nunca cuando la autoridad es la que falla.
Esteban Díaz
