En Lerma la política volvió a dar uno de esos espectáculos que ya parecen costumbre, el presidente municipal Miguel Ángel Ramírez Ponce renunció al PRI, protagonizando otro “chapulinazo” que deja más dudas que certezas y, sobre todo, evidencia lo que muchos ciudadanos ya venían señalando, cuando los resultados no llegan, lo más fácil es cambiar de camiseta.
Porque mientras el municipio enfrenta problemas reales, servicios deficientes, inseguridad, infraestructura deteriorada y promesas incumplidas, el edil parece más ocupado en redefinir su futuro político que en resolver el presente de Lerma, y así, lo que debía ser un gobierno de resultados terminó convertido en un espectáculo de circo, maroma y teatro, donde el protagonismo político superó, por mucho, la eficiencia administrativa.
La percepción ciudadana no es menor, habitantes de Lerma señalan que la administración de Mike Ramírez ha estado marcada por anuncios, eventos y discursos, pero con escasos resultados tangibles, mucho ruido, pocas nueces, dirían algunos, o mejor aún, mucho movimiento político, pero poco avance municipal.
Y ahora, como si el cambio de partido fuera una solución mágica, llega la renuncia al PRI, la pregunta inevitable surge, ¿Se trata de convicción política o simplemente de cálculo electoral?, porque en la política mexiquense, los cambios de partido ya no sorprenden, pero sí dejan claro algo preocupante, la ideología parece valer menos que la oportunidad política del momento, hoy se abandona un partido, mañana se abraza otro, y mientras tanto, los ciudadanos siguen esperando soluciones que nunca llegan.
El sarcasmo se vuelve inevitable, en Lerma cambian los colores, pero los problemas siguen igual, en Lerma cambian los discursos, pero las calles siguen deterioradas, en Lerma cambian los proyectos políticos, pero los resultados siguen ausentes.
Y mientras Mike redefine su futuro político, los ciudadanos de Lerma continúan enfrentando la misma realidad de siempre, servicios insuficientes, promesas incumplidas y un gobierno que parece más preocupado por su carrera política que por el municipio que gobierna.
Porque al final, el “chapulinazo” no solo revela una decisión política, revela una forma de gobernar, una donde lo importante no es cumplirle a la gente, sino encontrar el siguiente salto político, y así, en Lerma, la historia vuelve a repetirse, los políticos cambian de partido, pero los ciudadanos siguen esperando gobierno.
Lerma presencia otro salto político más, y la inconformidad ciudadana crece.
Esteban Díaz
