En Mexicaltzingo la política ambiental parece haberse reducido a un acto simbólico: plantar árboles para la fotografía oficial y abandonarlos a su suerte, el reciente incendio en el cerro “El Chapulín” volvió a exhibir lo que ciudadanos y la asociación Gotas de Vida denuncian con indignación, una administración que presume reforestaciones, pero que no da seguimiento, mantenimiento ni cuidado a lo que planta.
La jornada de reforestación realizada en septiembre del año pasado por el Ayuntamiento encabezado por Saray Benítez Espinoza fue presentada con entusiasmo, cámaras, discursos y promesas, incluso ciudadanos solicitaron que cada funcionario se hiciera responsable del árbol que plantó, una propuesta lógica, simbólica y hasta sencilla, la respuesta, según denuncian, fue positiva, pero en la práctica, evasiva, la responsabilidad terminó recayendo únicamente en la Coordinación de Medio Ambiente, una área que, como era previsible, carece de personal suficiente para cubrir una tarea de tal magnitud.
El resultado, tristemente, quedó al descubierto con el incendio de hoy, la falta de mantenimiento, la hierba seca acumulada y el abandono del área se convirtieron en el combustible perfecto para que las llamas arrasaran con gran parte de los árboles recién plantados, y así, lo que se presentó como una acción ambiental terminó convertido en cenizas, y en otra promesa incumplida.
Pero lo más grave es que no se trata de un hecho aislado. Según denuncian ciudadanos, este patrón se ha repetido durante al menos 5 años, jornadas masivas de reforestación, fotografías oficiales, discursos optimistas, y después, abandono total, el resultado es alarmante, más de 1,200 árboles muertos en la última década por falta de seguimiento, una cifra que no solo refleja descuido, sino una política ambiental basada en la simulación.
Mientras tanto, el cerro “El Chapulín” comienza a convertirse, como señalan ciudadanos, en un cementerio de buenas intenciones, porque plantar cientos de árboles sin mantenimiento no es política ambiental, es improvisación, y permitir que se quemen por falta de cuidado no es mala suerte, es negligencia.
La crítica hacia la administración de Saray Benítez Espinoza se vuelve cada vez más dura, sobre todo cuando los ciudadanos plantean algo tan básico como realista, plantar menos árboles, pero cuidarlos bien.
Diego Sánchez
