Cabildo a modo

En Tenango del Valle, el Cabildo parece haber encontrado la fórmula perfecta para evitar conflictos: aprobarlo todo, sin debate, sin contraste, sin esa mínima tensión democrática que debería existir cuando se toman decisiones públicas.
Porque cuando todo se aprueba, algo no está funcionando, la crítica ciudadana no surge de la nada, surge de la realidad cotidiana, obras que se alargan por meses, como esa calle que acumula más de ocho meses sin concluir, una economía local que enfrenta dificultades crecientes y un gobierno que, pese a ello, avanza sin cuestionamientos internos visibles.
En teoría, el Cabildo existe para deliberar, para señalar errores, para corregir rumbos, en la práctica, en Tenango parece operar como una instancia de trámite, donde las decisiones pasan sin mayor resistencia y donde la oposición, si existe, no se nota.
Y cuando no hay contrapesos, el poder deja de dialogar y empieza a imponerse, el problema no es solo político, es funcional, porque un gobierno sin crítica interna corre el riesgo de normalizar errores, prolongar obras, justificar retrasos y desconectarse de las necesidades reales de la población.
Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo los problemas se acumulan: calles inconclusas, afectaciones económicas y una percepción creciente de que las decisiones se toman sin escuchar, sin discutir y, sobre todo, sin corregir.
La pregunta es inevitable, ¿para qué sirve un Cabildo que no cuestiona?, Porque si su función es únicamente levantar la mano, entonces deja de ser un órgano de representación para convertirse en una formalidad costosa, por eso es preferible aplaudir y decir que si a todos los deseos del padrino mágico.
Estebán Díaz
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