En Mexicaltzingo, lo que comenzó como versiones extraoficiales sobre un presunto operativo denominado “Valkiria” ha terminado por exhibir algo más profundo que cualquier rumor, la fragilidad de la comunicación institucional y la creciente desconfianza ciudadana.
De acuerdo con lo que circula en distintos espacios, dicho operativo tendría como objetivo investigar posibles vínculos entre servidores públicos y actividades ilícitas. Nada confirmado. Nada oficial, pero suficiente para encender alarmas en un municipio donde el silencio pesa más que cualquier desmentido.
Y ahí está el problema, porque cuando una versión de este calibre comienza a tomar fuerza y la autoridad no responde con claridad, el vacío informativo se convierte en terreno fértil para la sospecha, no se trata de validar rumores, se trata de entender por qué crecen tan rápido y por qué nadie los enfrenta de manera directa.
El gobierno municipal encabezado por Saray Benítez Espinoza no ha fijado una postura clara frente a estas versiones, ni confirmación, ni desmentido contundente, ni explicación que aporte certidumbre, solo silencio, un silencio que, lejos de calmar, alimenta.
Porque cuando se habla de posibles investigaciones relacionadas con servidores públicos, la respuesta institucional no puede ser la omisión, la ciudadanía no exige detalles operativos que, por su naturaleza, pueden ser reservados, pero sí demanda algo básico: claridad sobre si existe o no un contexto que amerite preocupación.
El problema no es el supuesto operativo, el problema es la percepción que deja su sola mención, y esa percepción no surge de la nada, surge de años donde la confianza en las instituciones se ha ido desgastando, donde la transparencia se vuelve reactiva en lugar de preventiva y donde la comunicación oficial suele llegar tarde, cuando llega.
Así, Mexicaltzingo queda atrapado en una situación incómoda: un municipio donde los rumores corren más rápido que la información oficial, y donde la autoridad parece ir siempre un paso atrás, intentando contener.
Como si el silencio fuera estrategia, como si la opacidad fuera respuesta, como si la ciudadanía no mereciera explicaciones.
Un gobierno que, prefiere callar antes que informar, eso sí, seguramente todo está “bajo control”, tan bajo control, que nadie sabe qué está pasando, pero aqui lo que importa es salir bien el la foto y que resalte el color vino.
Diego Sánchez
