En Xalatlaco, la detención de Edgar “N”, quien se desempeñaba como subdirector de la Policía Municipal, no es solo un caso judicial, es un golpe directo a la credibilidad de toda la corporación y, por extensión, de la administración municipal.
De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, el exfuncionario fue detenido por su presunta participación en hechos relacionados con la agresión contra una mujer, el caso, además, no permaneció en la sombra, fue exhibido en video, circuló públicamente y detonó una reacción que obligó a las autoridades a actuar.
Y ahí comienza lo incómodo, porque cuando un mando policial, no un elemento cualquiera, aparece vinculado a este tipo de hechos, la pregunta deja de ser individual y se vuelve institucional: ¿qué controles fallaron?, ¿qué tipo de supervisión existe dentro de la corporación?, ¿quién responde por haber colocado a esa persona en una posición de autoridad?
No es un incidente menor, es un síntoma, un síntoma de una estructura que, lejos de garantizar seguridad, termina generando desconfianza, porque si quien debe proteger aparece como presunto agresor, el mensaje para la ciudadanía es devastador.
El gobierno municipal encabezado por Abelito Flowers enfrenta así un escenario donde el problema no es solo la detención, sino lo que revela, una corporación que no logró detectar, prevenir o corregir conductas graves en sus propios mandos.
Y en seguridad pública, eso no es un detalle, es una falla mayor, la narrativa oficial suele apelar a que “la ley se aplica sin distinción”, pero esa frase pierde fuerza cuando la acción llega después de la exposición pública, cuando primero circula el video y luego llega la reacción, lo que se percibe no es eficacia, es presión.
Porque si no hubiera existido evidencia viral, ¿habría ocurrido lo mismo?, la detención, sin duda, es un paso necesario, pero no es suficiente, lo que está en juego es la confianza en una institución que debería ser el primer filtro de legalidad, y cuando ese filtro falla, todo lo demás queda en entredicho.
La ciudadanía no solo exige justicia en este caso, exige garantías de que no se repetirá, pero para eso se necesita algo más que detenciones, se necesita revisión interna, controles reales y una postura clara desde el gobierno municipal.
Y hasta ahora, lo que predomina es la reacción, no la prevención, porque en Xalatlaco, el problema no es que un mando haya sido detenido, el problema es que haya llegado a ser mando.
Y mientras la administración intenta contener el daño, la percepción ya está instalada: que la autoridad no solo llega tarde, sino que tampoco ve lo que ocurre dentro de su propia casa, eso sí, el mensaje oficial seguramente será el de siempre, “cero tolerancias”, tan contundente.
Diego Sánchez
