Los Derechos, ¿Incomodan?

Quiero más hueso

Tenancingo, la negativa para realizar un foro sobre derechos humanos y buen gobierno en el jardín municipal ha encendido una discusión que va más allá de un permiso: pone sobre la mesa la relación entre autoridad y ciudadanía.
De acuerdo con la respuesta emitida por el Ayuntamiento, a través del área de Gobernación encabezada por Guillermina Cruz Cortés, la solicitud no fue autorizada con base en disposiciones del Bando Municipal, sin embargo, la interpretación de dichas normas ha sido cuestionada, al considerar que lo establecido se refiere a la restricción de actividades comerciales, no necesariamente a la realización de eventos de carácter educativo o cívico.
Y ahí es donde el argumento oficial empieza a tambalearse, porque un foro sobre derechos humanos difícilmente puede considerarse ajeno al interés público, por el contrario, encaja dentro de las actividades que fortalecen la participación ciudadana, el conocimiento colectivo y la cultura cívica, negarlo bajo una interpretación restrictiva no solo genera dudas, las multiplica.
El problema no es jurídico, es político, porque cuando una autoridad decide cerrar espacios para el diálogo público, la señal que envía no es de orden, es de control, y cuando ese control recae sobre temas como derechos humanos y buen gobierno, la decisión deja de parecer administrativa para convertirse en profundamente incómoda.
El gobierno municipal encabezado por Nancy Nápoles Pacheco enfrenta así un cuestionamiento que no se resuelve con citas de reglamento, sino con algo más simple, congruencia, porque si el argumento es que el espacio no es para ese tipo de actividades, entonces la pregunta es inevitable, ¿para qué sí está permitido?
Y más aún, ¿qué tipo de eventos pasan el filtro y cuáles no?, cuando la norma se aplica de manera selectiva, o al menos así se percibe, lo que se erosiona no es solo la decisión, es la confianza, negar un espacio público para un ejercicio de reflexión ciudadana no cancela el tema, lo expone.
Y lo expone de la peor manera: como una administración que parece más cómoda evitando la crítica que enfrentándola, porque al final, el mensaje no está en el oficio, está en la decisión.
Y la decisión, en este caso, deja una impresión difícil de ignorar, que, en Tenancingo, el problema no es la falta de espacios, es el temor a lo que se pueda decir en ellos, eso sí, todo seguramente está “justificado” en el reglamento, tan bien justificado,que lo único que no encuentra lugar es el derecho a cuestionar.
Daniel Sánchez

Salir de la versión móvil